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Opinión | Editorial
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El espejo cultural de 2025

El consumo cultural no es solo entretenimiento, sino que refleja en buena parte el latido de una época

De izquierda a derecha, Lorena Álvarez, Rosalía, Guitarricadelafuente y Amaia.

De izquierda a derecha, Lorena Álvarez, Rosalía, Guitarricadelafuente y Amaia. / EPC

EL PERIÓDICO publica hoy una selección de lo más destacado de la producción cultural del año a juicio de sus especialistas (en campos como la música, series, exposiciones, artes escénicas, cine) que irá seguida en los próximos días de una segunda entrega donde se repasarán las más destacadas aportaciones del año en el sector editorial. Más allá de los nombres propios, de los discos más celebrados, de las obras de teatro con mayor proyección, de los premios y las ovaciones, el resumen permite observar unos cuantos parámetros que ayudan a definir este año. El consumo cultural no es solo entretenimiento, sino que refleja en buena parte el latido de una época, las inquietudes de los artistas y las líneas que prescriben los comisarios para definir el tiempo en el que vivimos, un panorama inquietante por muchas razones: desde la emergencia climática a la necesidad de algún tipo de reflexión espiritual, desde el auge de los extremismos hasta la zozobra moral de un mundo envuelto en dudas y falto de referentes sólidos.

Los creadores no viven en una torre de marfil ajenos a la actualidad. Desde esta atalaya puede observarse, por ejemplo, el triunfo vertiginoso de Rosalía en todo el mundo, un ejemplo de márketing elaborado con precisión a partir de una excelente factura musical. En el fondo de 'Lux' se aprecia lo que muchos expertos ya han definido como un retorno a la religiosidad o, como mínimo, a un cierto deseo de trascendencia que también puede notarse en otra obra reconocida por los críticos, el filme 'Los Domingos'. Al mismo tiempo, en una industria cambiante y expectante ante la llegada de las aplicaciones basadas en la inteligencia artificial, también se puede observar una fijación por los dramas íntimos y personales, más allá de los vaivenes de la actualidad. Los ejemplos pueden ir desde 'Estrany riu' o 'Romería' hasta 'Valor sentimental' o, en otro orden de cosas, la subyugante 'Tardes de soledad': hombres y mujeres enfrentados a un destino en la frontera entre la vida y la muerte. Aunque también es cierto que las tragedias individuales se enmarcan en un entorno social e ideológico: desde Bad Bunny, con sus críticas sociales, a la magnética 'Sirat' o la trepidante 'Una batalla tras otra', las creaciones que nos ha dejado este 2025 ilustran múltiples crisis, que van desde el miedo a una futura edad oscura donde la felicidad aparente es sinónimo de inconsciencia colectiva hasta la necesidad de plantearse acciones radicales, entre la derrota inevitable y el desahogo nihilista. De los creadores parece que nos lleguen más temores que alternativas, propuestas o esperanzas.

En este 2025 hemos seguido dando vueltas a temas tan espinosos (y todavía por resolver) como los murales de Sijena en el MNAC y también se han notado en el mundo de la cultura las tensiones políticas con Israel. Un año en el que destacan el robo en el Louvre o la apertura del Gran Museo Egipcio, sin olvidar hitos remarcables, como la exposición antológica de Caravaggio en Roma o, en Barcelona, la muestra de Chris Ware, el cómic elevado a la categoría de arte. En artes escénicas, las nuevas direcciones de festivales como el Grec o Temporada Alta, saldadas con sendos éxitos, el adiós de 'Mar i Cel' y el aplauso recibido por la producción del TNC 'La corona de espinas'. Y la reivindicación de la cultura barcelonesa y catalana a nivel internacional. No solo por la presencia en la Feria de Guadalajara o por las producciones audiovisuales premiadas en todo el mundo, sino también por la proyección de figuras capitales como Rodoreda o Miró.