Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE
ALBERT SOLER
Kaja Kallas, la ‘prima donna’ que nos quiere hacer llorar

Kaja Kallas
Kaja Kallas no calla ni siquiera para hacer honor a su apellido, y así está Europa, un continente antes liderado por unos dirigentes que tenían la inteligencia y la diplomacia por bandera, y hoy por una señora estonia que suelta cosas por la boca sin que hayan pasado antes por el cerebro. La señora Kallas se ha empeñado en que los activos rusos inmovilizados en bancos europeos sirvan para cubrir las necesidades financieras y militares de Ucrania, cosa que no solo no ha sentado nada bien a Rusia, sino tampoco a algunos países europeos, Bélgica, Italia, la república Checa y Bulgaria entre ellos, que temen las represalias rusas.
El propio Donald Trump, un poco harto ya de Europa y de Ucrania, trató hace pocos días a los líderes europeos de estúpidos y auguró que Europa se dirige hacia el fin de su civilización. No es que Trump sea el paradigma de persona civilizada, pero en cuanto a estupidez, pocas lecciones se le pueden dar, así que su diagnóstico respecto a los dirigentes europeos podría ser certero. De hecho, su pensamiento es muy similar al que tienen los propios europeos respecto de quienes los gobiernan.
Kallas, desde su confortable sillón y sabiendo que no peligra ni su sueldo ni su vida, les dice a esos europeos que no tengan miedo, que las amenazas de Rusia son solo eso, amenazas, y que hay que darle dinero a espuertas a Zelenski, aunque las sospechas de corrupción de su gobierno (no hasta el nivel del gobierno español, pero por ahí cerca anda) no dejen de crecer. Acto seguido, es un suponer, la Kallas se va de compras. O a pilates. O a esquiar. Si es que la gente se altera por cualquier cosa.
A la otra Callas, con ce y de nombre María, se la conoció como La Divina. A nuestra Kallas, con ka y de nombre Kaja, se la empieza a conocer como La Pamplinas. Mientras la griega nos hacía llorar de emoción interpretando Madama Butterfly, la estonia nos hace llorar de miedo cada vez que nos insta a «mantener la calma y la confianza», porque si algo hemos aprendido en los últimos siglos los europeos —no digamos los españoles—, es a desconfiar de todo político que nos pida mantener la confianza y la calma: es la señal inequívoca de que vienen a por nosotros o, como mínimo, a por nuestra cartera. La de quien nos lo pide, en cambio, no solo no peligra sino que, ante cualquier crisis o conflicto, crece.
Uno no sabe si es buena idea tener de jefa de relaciones exteriores de la UE a una señora cuya familia fue purgada por la URSS, llegando incluso a permanecer durante sus diez primeros años de vida en Siberia, a donde fueron enviadas su madre y su abuela, acusadas por Stalin de colaborar con el nazismo. Uno teme que la señora Kallas con ka quiera vengar una antigua afrenta familiar, y en lugar de hacerlo ella misma quiera embarcarnos a todos en su cruzada. Por si le sirve de algo, buena mujer, vaya desde aquí mi solidaridad para con su señora madre y para con su no menos señora abuela, y también todo mi afecto y hasta mi calor —por el frío siberiano que sufrieron—, pero déjenos tranquilos a los europeos, que nada tenemos que ver con sus cuitas. Bastante hacemos con pagarle un generoso sueldo.
Kallas con ka es la autora de un libro en el que recoge su vida y trabajo en Bruselas como eurodiputada entre 2014 y 2018. Imagino que en este momento ya están ustedes corriendo a su librería de confianza para hacerse con semejante ejemplar, que se intuye apasionante. Si la vida de un eurodiputado es gris y anodina como corresponde a un funcionario, trasladarla a un libro esperando que alguien que no sea familiar directo lo adquiera, es un claro indicador de que la señora Kallas con ka tiene en muy poca estima las capacidades intelectuales de los ciudadanos europeos. Tal vez por eso se ve capacitada para convencernos de que reeditemos la División Azul y nos vayamos a guerrear a Leningrado —o como se llame ahora, los rusos cambian de nombre sus ciudades casi tanto como lo hace Puigdemont con su partido—, esta vez contra los rusos en lugar de contra los alemanes. Uno se imagina a la Kallas con ka, abnegada, en su estudio, después de una dura jornada laboral, sacando fuerzas de flaqueza para dedicar tiempo a la escritura, consiguiendo tras un par de horas —una no es Corín Tellado— pergeñar una frase. Corta, pero una frase al fin y al cabo.
— Rusia es culpable.
A ver quien le cuenta a la Kallas con ka que eso ya lo dijo Serrano Suñer en los albores del franquismo. O igual ya está enterada, y por eso sabe que lo mejor cuando las cosas van mal —y a Europa le van bastante mal— es echar las culpas a Rusia, que está muy lejos y no nos oye. Si le salió bien a Franco, bien puede salirle bien a Kallas. Con ka.
Suscríbete para seguir leyendo
- Noruega informa por carta a sus ciudadanos de la incautación de propiedades y bienes si llegan tiempos de guerra: 'Deben estar listos
- Los oftalmólogos critican que los ópticos prescriban las ayudas para gafas y lentillas: 'Pueden graduar la vista, pero no hacer diagnósticos
- La justicia avala la multa de 20.000 euros de la Generalitat al bus tránsfobo de Hazte Oír
- Catalunya plantea bajarle el salario a un funcionario si le falta al respeto a un ciudadano
- Goldman Sachs y otros gigantes de Wall Street ven señales de 'fin de ciclo' en el bitcoin
- Audiencias TV ayer: 'Got Talent' baja y no puede aguantar el ritmo de 'La ruleta de la suerte', que lidera la noche
- Audiencias TV ayer | ‘GH Dúo’ se despide del doble dígito en domingo mientras la actualidad informativa impulsa a La 1
- Disruptores endocrinos, los químicos invisibles que alteran nuestras hormonas