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Opinión | Alerta veterinaria
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¿Es la fiebre porcina africana un problema de salud pública?

Ningún sector puede responder de forma aislada a desafíos como el incremento de las zoonosis; las resistencias a antibióticos y otros medicamentos, o el cambio climático

Batida de caza de jabalí en un coto privado del Gironès.

Batida de caza de jabalí en un coto privado del Gironès. / MANU MITRU / EPC

Habitualmente se dice que si un problema sanitario no afecta a la salud humana, no es un problema de salud pública. No es cierto.

Este debate ha resurgido con la aparición de la fiebre porcina africana (ASF por sus siglas en inglés). ¿Es o no es la fiebre porcina un problema de salud pública? Mi punto de vista es que sí lo es.

Clásicamente, hemos dicho que la salud pública es “el conjunto organizado de actuaciones de los poderes públicos y del conjunto de la sociedad mediante la movilización de recursos humanos y materiales para proteger y promover la salud de las personas, en el ámbito individual y colectivo, prevenir la enfermedad y velar por la vigilancia de la salud”. Nos hemos quedado cortos. Actualmente, la salud pública va mucho más allá.

Desde hace tiempo sabemos que la salud humana, la medioambiental y la salud animal están íntimamente interconectadas e interrelacionadas. Hechos como el incremento de las zoonosis, enfermedades de origen animal que pasan a los humanos; las resistencias a antibióticos y otros medicamentos, o el cambio climático, con todas las consecuencias de impacto en el entorno y en la salud de animales y personas, además de los impactos económicos que suponen, lo justifican.

Ante estos hechos, se ha respondido con la estrategia One Health (Una sola salud). La idea es que ningún sector puede responder de forma aislada a estos desafíos, que exigen coordinación entre biología, agricultura, medio ambiente, veterinaria y medicina humana, entre otros. Solo con esta coordinación o, mejor aún, integración de servicios, se puede dar una respuesta adecuada.

Y todavía se está dando un paso más adelante en la visión de lo que hasta ahora entendíamos como salud pública: el hecho de que los sistemas naturales, sociales, económicos y climáticos condicionan la salud de todos los seres vivos, incluidos los humanos. La salud va más allá de la biología, de la medicina o de la veterinaria. Es un todo complejo e interdependiente. Algunos hablan de salud planetaria.

Ciertamente, la fiebre porcina africana no enferma a los humanos ni existe un riesgo razonable, al menos por ahora, de que pueda hacerlo. Pero, sin duda, nos afecta: afecta a la biodiversidad, a la generación de residuos, a la producción ganadera y, por tanto, a los recursos alimentarios, tanto en precio como en disponibilidad. Y estas afectaciones son graves y de alto impacto. Añadamos, además, la afectación sobre la actividad humana como consecuencia de las restricciones derivadas de las medidas orientadas a controlar su potencial expansión o las repercusiones laborales a las que pueda conducir la crisis.

Quizá algunos podrían decir que calificar la fiebre porcina africana como un problema de salud pública es alarmista, exagerado. Llamar a las cosas por su nombre es lo que hay que hacer. ¿La movilización directa de más de mil personas para mantener un aislamiento no es suficientemente definitoria de la potencial gravedad del problema? Los humanos no enfermaremos de esta enfermedad animal, pero la salud de nuestro ecosistema sí se está viendo afectada. La salud es un todo.

Tenemos un problema de salud pública, y así es como hay que abordarlo.

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