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Opinión | Cita con las urnas
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El triunfo secuestrado

El ejemplo de Extremadura es significativo: el PP adelantó las elecciones para consolidar su poder, y lo que ha conseguido es que Vox duplicara los votos

María Guardiola gana pero deberá pactar con Vox pese a la debacle histórica del PSOE

Guardiola y Feijóo celebran en Génova la victoria de las elecciones en Extremadura.

Guardiola y Feijóo celebran en Génova la victoria de las elecciones en Extremadura. / Fotos PP/Mudarra

Ha vuelto a suceder: el PP ha repetido la experiencia de una victoria amarga. Es cierto que no es comparable a las generales de 2023, cuando Feijóo ganó electoralmente pero no pudo gobernar. María Guardiola, en cambio, ha ganado (en las anteriores perdió, aunque empató en escaños con el PSOE) y será presidenta. El hundimiento que ha sufrido el PSOE (100.000 votos perdidos, 10 escaños menos y 14 puntos a la baja) y los cuatro puntos ganados, sumados al hecho de que ella sola suma más votos que socialistas y Podemos juntos, le garantizan la presidencia con la simple abstención de Vox.

Desde la perspectiva estricta del acceso al poder, el PP ha cumplido con el triplete que necesitaba: ganar, presidir y asestar al PSOE una de las derrotas más severas que se recuerdan en un feudo históricamente socialista. Con estos mínimos necesarios, la derecha española se ha permitido el ritual triunfalista, especialmente porque la derrota de Pedro Sánchez es descomunal. Pero, superados los titulares grandilocuentes, la lupa de estas elecciones permite extraer unas conclusiones que deberían enfriar la euforia en la calle Génova, no en vano señalan los errores en los que el PP se empeña en incurrir.

La conclusión es obvia: el PP ha escenificado la batalla de Extremadura como si fuera la antesala de las generales, sin tener en cuenta dos datos importantes: el primero, que Extremadura solo representa el 3% del Congreso (10 diputados), y el segundo, que la abstención ha alcanzado su máximo del 40%. Siendo, pues, un triunfo importante para Feijóo, porque era la primera contienda electoral tras los escándalos de Sánchez, es evidente que no tiene un peso tan significativo como si fuera Andalucía, donde se juegan casi el 20% de los escaños. Sin embargo, es el primer 'round' del ciclo que continuará con Aragón, Castilla y León y Andalucía, en un triplete que puede ser demoledor para el PSOE, de modo que la estrategia del PP de convertir cada autonómica en una minigeneral podría resultar exitosa. Sin duda, al PSOE le vienen unos meses 'horribilis'. La cuestión, no obstante, es que esta victoria del PP viene con un regalo envenenado añadido: el imparable crecimiento de Vox, que se convertirá en una losa cada vez más pesada para gobernar. El ejemplo de Extremadura es significativo: el PP adelantó las elecciones para consolidar su poder, y lo que ha conseguido es que Vox duplicara los votos, pasando de tener 5 escaños a tener 11. Ojo, y segunda fuerza en Badajoz, no es poca cosa… Conclusión: las elecciones que debían ser la gran victoria del PP y la primera piedra de la caída de Sánchez se han convertido en las elecciones de Vox. La cuerda al cuello que Abascal le pone a Feijóo es cada vez más gruesa. En cierto modo, el PP está viviendo con Vox la fábula de la rana y el escorpión: le ayudará a cruzar el estanque, pero solo con la intención de clavarle el aguijón.

Esta es la gran lección (o el gran aviso) que ofrece Extremadura: que el único partido que aumenta sensiblemente es Vox. El PP, en cambio, no termina de despegar y los éxitos que consigue lo son, sobre todo, por demérito del PSOE, que trabaja intensamente para hacerse el harakiri. Feijóo no tiene una estrategia definida, abocado permanentemente al tacticismo simplista, y tampoco sabe cómo gestionar su incapacidad para tejer alianzas más allá de Vox. El partido de Abascal es su salvador y su verdugo, la rana y el escorpión, el abrazo del oso…

Y este duelo, el que se producirá entre la derecha y la extrema derecha, es el que centrará el debate político de los próximos tiempos, como en su momento lo fue entre la izquierda y la extrema izquierda en las épocas del 15M. Y dado que quien avanza más en el duelo es Vox, cabe prever una radicalización de las posiciones políticas en los temas más sensibles. Mientras tanto, el PSOE hará de convidado de piedra, con una extrema izquierda dividida que tampoco consigue ningún papel relevante. Se avecinan sangrías históricas de votos para el PSOE que solo podrían detenerse si se produjera un cambio radical de paradigma. Y el único cambio de paradigma posible es que Pedro Sánchez haga un Artur Mas, es decir, dé un paso al lado que permita romper el 'impasse' y regenerar el espacio. Si no se va, y se mantiene atrapado en un poder catatónico que se mueve y no va a ninguna parte, como un esforzado e inútil hámster, acabará dejando a su partido en los huesos.