Un funeral y un mal negocio
Las elecciones extremeñas se han 'sentido' en Vox como una fiesta, en el PSOE como un grave descalabro y en el PP como una victoria amarga (y resignación)

Óscar Fernández Calle, candidato de Vox a presidir la Junta de Extremadura. / Carlos Criado / Europa Press
El dato más relevante de las elecciones extremeñas ha sido sin duda la caída de la participación, del 70% en 2023 al 62,7%. ¿Cuál es la razón? Una, era la primera vez en la que las autonómicas no coincidían con las municipales y la elección de los alcaldes tiende a animar la cita con las urnas. Dos, los electores se han movilizado menos. Y como el PSOE ha perdido 104.000 votos -y los otros han perdido poco (PP) o han subido-, está claro que muchos antiguos votantes socialistas se han abstenido.
Que el 43% de los electores socialistas de 2023 no hayan ido a votar, o (menos) hayan cambiado de voto, es un desastre sin paliativos. Al PSOE le ha votado el 25,7% cuando en 2023 logró el 39,9% y fue el primer partido. Y Rodríguez Ibarra y Fernández-Vara, candidatos potentes, superaron a veces el 50%. Miguel Ángel Gallardo no era un buen candidato. Estaba imputado e intentó evitarlo dimitiendo de presidente de la Diputación de Badajoz y haciendo correr la lista para ser diputado e ‘inimputable’ por el juez, maniobra que abortó el tribunal superior. ¿Por qué no fue relevado al ser ya un candidato tocado? ¿Porque estaba imputado por favorecer a David Sánchez, el hermano del presidente, para un cargo en la Junta de Extremadura?
Sánchez no ha sabido romper el nudo. Quizás ha perdido reflejos por los casos de corrupción en la cúpula del PSOE, la conducta respecto a las mujeres de algunos dirigentes y su subsecuente pérdida de autoridad moral. Pero, cara al futuro, lo peor es la pésima reacción ante el resultado. De Gallardo se podía esperar una reacción mediocre, pero que Rebeca Torró -la secretaria de organización del PSOE- solo hiciera una comparecencia insustancial confirma la atonía. Y Sánchez ni mencionó la derrota cuando este lunes -en una comparecencia sin preguntas- ha comunicado que Elma Saiz sustituye a Pilar Alegría como portavoz del Gobierno.
Cierto, la izquierda del PSOE (Unión por Extremadura) ha subido de 4 a 7 escaños, pero solo ha logrado arrancar 18.000 votos de los 104.000 que ha perdido el PSOE. No es el futuro.
El PSOE está de funeral, pero el PP ha tenido una victoria amarga. María Guardiola ha ganado con 18 puntos de ventaja sobre Gallardo cuando en el 2023 perdió por uno. Un éxito indudable. Pero apostó por disolver, sin necesidad, porque Vox no le aprobaba los presupuestos. Y ahora deberá revalidar su presidencia pactando con Vox, con la que se ha empeorado la relación. Santiago Abascal, refiriéndose a Guardiola, ha sentenciado: “No querías caldo, pues dos tazas”. Mal negocio.
Y Feijóo avaló que Guardiola disolviera para, con la esperada mayoría absoluta, dar una dura lección a Vox. Y no solo no ha habido mayoría absoluta, sino que el PP ha subido solo un punto, mientras que Vox lo ha hecho más de ocho (del 8,1% al 16,9%). Si los resultados se proyectaran a nivel español, Vox ganaría peso en relación con el PP. Y Abascal, que se ha volcado en la campaña extremeña, sale reforzado.
Hay quienes dicen que es bueno para la derecha que el PP y Vox superen por primera vez en Extremadura el 60%. Pero como Vox sube más que el PP, la proyección española tiene una doble lectura. Por una parte, hace más posible que tras las próximas elecciones generales Feijóo, al contrario que en 2023, pueda ser investido por el PP y Vox. Pero por la otra complicaría su gobernación -y su sintonía con el PPE- si Abascal sigue la línea marcada por Trump incitando a los “partidos patrióticos” a sustituir -y no ayudar- a los partidos de la derecha convencional. Y Abascal no es Meloni, que cuida la relación con Bruselas, sino que está en el mismo grupo parlamentario europeo que Orbán, alineado con Putin y más antieuropeo.
El propio ‘ABC’ resumía así la jornada de domingo: “Fiesta en Vox, resignación en el PP y funeral en el PSOE”. Lo cierto es que tras Extremadura Sánchez se debe sentir más agobiado y Feijóo más preocupado. La polarización extrema y la lucha sin cuartel entre los líderes de los dos grandes partidos está impulsando a Vox. Y lo más grave es que ninguno de los dos grandes líderes tiene ya, a estas alturas, capacidad de rectificación.
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