¿Comida basura en los hospitales?
A diferencia de otros hospitales de Europa, en los nuestros no existe un puesto específico de nutricionista que supervise el consumo adecuado de lo que han de engullir los enfermos
El 80% de los alimentos en las máquinas expendedoras de hospitales y residencias serán saludables

Máquinas de vending en el Hospital Sant Antoni Abat de Vilanova i la Geltrú / Consorci Sanitari l'Alt Penedès-Garraf
Leo la noticia en la prensa de que en febrero de 2023 una instrucción del Institut Català de la Salut obligaba a los hospitales y otros centros sanitarios a ofrecer un 75% de productos saludables en las máquinas de 'vending'. Al parecer, a día de hoy, esas máquinas expendedoras siguen vendiendo productos altos en grasas saturadas y ultraprocesados que, como es sabido, son la causa de enfermedades asociadas a estos productos. La administración, que en según qué casos se muestra inflexible ante la norma, con este asunto muestra una dejadez inexplicable.
Hace unos días, la chef Maria Nicolau denunciaba el tipo de comida que se suele servir a los enfermos internados en los hospitales públicos (aunque también se podría hacer extensivo a los privados) y se horrorizaba al ver una de esas bandejas con un cruasán industrial, un bote de mermelada, un zumo de néctar de naranja y un yogur. Productos que contienen azúcar en cantidades inaceptables para cualquiera que quiera mantener una vida sana; pero aún menos, explicaba la chef, si es para un enfermo, una persona que está en un momento de extrema vulnerabilidad. Luego no es de extrañar que la gente coma mal. Aquellos que no se informan adecuadamente, al ver que en un hospital se sirven este tipo de productos, deben pensar que han de ser buenos, pues si los sirven en un centro hospitalario bien estará. Sin embargo, y por inverosímil que parezca, aquello que lleva la bandeja es perjudicial para sanos y enfermos.
Cuando hace un tiempo estuve hospitalizado, le pregunté a la enfermera cómo aquello era posible. Me respondió que se trataba de una cuestión de costes. Y que, a diferencia de otros hospitales de Europa, en los nuestros no existe un puesto específico de nutricionista que supervise el consumo adecuado de lo que han de engullir los enfermos.
Señores: es hora de cambiar esa escandalosa dejación, empezar a cumplir la norma e impedir que en los centros hospitalarios se sirvan las porquerías que se están proporcionando.
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