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Opinión | Crisis bilateral
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Venezuela sigue en el candelero

Mientras crece la tensión en el Caribe, aparecen muchos episodios oscuros y con pinta harto sospechosa en la relación de España con el país

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro / Europa Press/Contacto/Marcos Salgado - Archivo

Donald Trump continúa acumulando barcos y hombres frente a las costas venezolanas y amenaza con acciones militares en tierra una vez que ha hundido varias lanchas de supuestos narcotraficantes, con casi cien muertos en lo que en realidad son ejecuciones extrajudiciales. También ha decretado el bloqueo (¿acto de guerra?) del petróleo venezolano en un intento de asfixiar económicamente al país impidiéndole vender lo único que produce, sin que de momento se haya notado impacto apreciable en los precios globales. Ahora solo sale de Venezuela el crudo pesado que Chevron lleva a EEUU para producir gasóleo y algunos derivados destinados al mercado asiático. Washington también ofrece 50 millones de dólares por información que lleve a detener a Nicolás Maduro, acusado de liderar el llamado Cártel de los Soles -por los distintivos que llevan los militares venezolanos- que califica como organización terrorista. La idea es que alguien de su entorno le denuncie para montar una operación de comandos que le detenga y le lleve a una cárcel gringa, porque una invasión terrestre sería probablemente un desastre: Venezuela no es Panamá o Grenada, sino un gran país con milicias populares armadas que complicarían mucho la vida a cualquier fuerza invasora. Susan Wiles, jefa de gabinete de Trump, ha reconocido públicamente que Washington quiere un cambio de régimen en Venezuela. Yo creo que también quiere su petróleo.

Hemos llegado a un punto en el que o Trump detiene a Maduro o gana Maduro si evita ser detenido. Y a Trump no le gusta perder, pero hay que comprender que a Maduro tampoco le apetezca pasar el resto de su vida entre rejas. Queda la opción intermedia de abandonar el poder a cambio de un salvoconducto a algún país que acepte acogerle. Las espadas están en alto y no pueden seguir ahí mucho más tiempo porque el brazo se cansa. Mientras la tensión crece en el Caribe, María Corina Machado llegó a Oslo para recoger el Premio Nobel que tanto ansiaba Donald para sí. Su salida de Venezuela, donde llevaba un año escondida tras el último pucherazo bolivariano, no ha debido ser fácil. Una vez en Oslo ha expresado su confianza en que Maduro caiga y la democracia vuelva pronto a Venezuela, algo que sin duda deben desear los muchos represaliados del actual régimen y también los ocho millones de ciudadanos que han tenido que abandonar el país y escapar a Brasil, Colombia, Ecuador... ante la desastrosa situación económica a que el Socialismo Bolivariano ha llevado a Venezuela, donde la inflación alcanza los tres dígitos y la producción de petróleo ha bajado desde tres millones de barriles/día a solo uno. María Corina Machado ha brindado su Nobel a Trump, cuyo apoyo para expulsar a Maduro y restablecer la democracia también ha agradecido. No estoy seguro de que alcanzar el poder rodeada de marines americanos sea una buena idea, más bien me temo que es una idea muy mala.

A preguntas de un periodista, María Corina Machado contestó que la postura del Gobierno de Pedro Sánchez sobre Venezuela “no ha estado a la altura” y que “el futuro juzgará”. Uno comprende que lo diga porque en nuestra relación con Venezuela durante los últimos años ha habido muchos episodios oscuros y con pinta harto sospechosa, como el rescate de la aerolínea fantasma Plus Ultra con cincuenta y cuatro millones de euros salidos de nuestros bolsillos y sobre el cual la UCO tiene sospechas de blanqueo de dinero y de pelotazos. O la extraña visita nocturna a Barajas de la vicepresidente Delcy Rodríguez con maletas de misterioso contenido cuando tenía prohibida la entrada en suelo europeo. Para aumentar las sospechas, Delcy fue recibida por Jose Luis Ábalos, ese crisol de honradez sin tacha que era entonces ministro de Transportes. Luego hubo al menos un viaje a Caracas de su asistente Koldo para entrevistarse con la misma Delcy, sin que sepamos para qué. ¡Un exportero de discoteca con toda una vicepresidente! Y también están las frecuentes andanzas venezolanas del sonriente y liviano expresidente Rodríguez Zapatero, sobre las que los mismos Ábalos, Koldo y Aldama han reforzado las sospechas existentes. Por no hablar de la penosa reunión en nuestra embajada en Caracas donde el presidente electo Edmundo González fue al parecer amenazado y obligado abandonar el país. Demasiadas dudas. Pero no se preocupen porque me da la impresión de que pronto vamos a empezar a saber cosas que no sospechábamos. ¿O sí?

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