La pulsión del miedo
Solo un pacto por la democracia y sus principios básicos puede salvarnos
Un atardecer en un banco
La bragueta de Salazar

Santiago Abascal en una imagen de archivo. / EFE
Ante el abismo, un miedo que son muchos nos empuja a dar un paso al frente. Vamos a caer y en ese fatídico desplome se van a estampar tantos derechos largamente luchados y ganados. Se derrumbará el bienestar alcanzado (siempre insuficiente, pero indudablemente notable). Y perderemos la humanidad. Esa que nos permite mirarnos a los ojos y reconocernos. Esa que niega la violencia como principal lenguaje común. Esa que nos impide convertirnos en alimañas al servicio de los depredadores.
Vox, entre el blanqueo del franquismo y el ataque a las “élites europeas”, nos anuncia que la inmigración se nos va a comer, que solo trae inseguridad y saquea nuestras arcas. Un discurso tan falso como fácil. El mensaje se cuela por los poros de la insatisfacción. Alimenta el miedo, provoca la nostalgia de un pasado mejor que nunca existió, paraliza la esperanza en el futuro y excita el odio. A los inmigrantes, sí. Pero también a quienes defienden la convivencia. Despojados de principios éticos e instalados en un individualismo rampante, se resquebraja la confianza en lo público. La ultraderecha solo se apoya en los trabajadores y utiliza la democracia para alcanzar el poder. Cuando lo consigue, sirve a los intereses de los ricos y lamina el Estado de derecho. ¿Vamos a permitirlo?
El andamiaje de soporte de Pedro Sánchez está devorado por la carcoma. Su tan loada resistencia pierde sentido cuando ya no sirve a los objetivos compartidos ni es capaz de generar una mínima ilusión. Solo hay un elemento que lo sostiene: el miedo a la ultraderecha. Pero el mensaje cada vez es más desabrido e instrumentalista, incluso agresivo. Cuando el socialista Eduardo Madina dio por “terminada” la legislatura de Sánchez, el inefable ministro Óscar Puente respondió con la rabia del asediado: “El que estás acabado eres tú. Desde hace mucho tiempo. Ahora paseas tu rencor por las tertulias radiofónicas. Ay tú, que te creías la esperanza blanca del socialismo español y has acabado de comentarista, pero sin canal propio”. ¿Qué hay después de Sánchez? Si la respuesta es nada, solo queda el abismo.
El PP, dominado por el miedo a ser descabalgado por Vox, cede a sus exigencias y exacerba el discurso y las formas. Ahí está Albiol y su pornográfico desalojo del antiguo Instituto B9 justo antes de un intenso episodio de lluvias.
¿Y a la izquierda de los socialistas? Pablo Iglesias advierte al PSOE de que morirá si apoya al PP para que Vox no llegue al gobierno. De necrológicas sabe mucho Iglesias, acabó con la confianza de muchos y su apuesta por la “radicalidad” suena a autopreservación y a demonización de Sumar. Si los intereses partidistas ciegan el sentido del bien común, la izquierda no sirve de nada, absolutamente de nada. Solo una reorganización del espacio progresista, desde la generosidad y la responsabilidad, puede aportar un atisbo de esperanza.
El miedo domina el debate político. Solo un pacto por la democracia y sus principios básicos puede salvarnos. ¿Imposible? Más increíble es caer al abismo por habernos escamoteado los asideros.
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