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Opinión | Partidos políticos
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Aliança Catalana ante el reto de asentarse

El crecimiento del partido empieza a generar las primeras tensiones internas, como los problemas que ha tenido en Berga

Nadie con 'auctoritas'

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La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, durante la inauguración de la nueva sede en la ciudad de Barcelona.

La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, durante la inauguración de la nueva sede en la ciudad de Barcelona. / Quique García / EFE

La apertura de una sede de Aliança Catalana en el centro de Barcelona marca un hito relevante en su expansión y refleja la voluntad del partido de consolidar su presencia en el sistema político catalán asumiendo una costosa estructura estable, una estrategia que se apoya en una evolución demoscópica favorable. Los últimos barómetros del CEO indican que el partido ha entrado en una fase distinta tras superar el umbral de representación parlamentaria. Desde entonces ha incrementado de forma notable sus expectativas electorales gracias a su visibilidad y ha experimentado un crecimiento sostenido de la militancia, que podría situarse en torno al millar de afiliados.

En este proceso, el liderazgo de Sílvia Orriols, que ha logrado proyectarse como una figura central del debate político catalán, ha sido decisivo, en buena medida gracias a la confrontación directa con el presidente Salvador Illa, dando lugar a una evidente paradoja: una representación limitada que, sin embargo, se ha traducido en una presencia mediática muy superior, hasta situarla como uno de los rostros más visibles de la oposición. Los datos del CEO refuerzan esta lectura. Aliança Catalana se consolida como refugio de los electores más críticos con la acción del Govern, especialmente en cuestiones como la inmigración, la inseguridad o la desafección política, y lo hace en detrimento de Junts per Catalunya, cada vez con más dificultades para canalizar el malestar de un sector del electorado independentista -o no- más confrontativo.

El crecimiento empieza, no obstante, a generar las primeras tensiones internas. En Berga, el partido ha afrontado su primer conflicto relevante tras la decisión de la dirección de apostar por la independiente Judit Vinyes como posible cabeza de lista municipal, un movimiento que ha provocado malestar entre la dirección local, que, sintiéndose marginada, ha llegado a amenazar con una dimisión en bloque. Un episodio que refleja una dinámica habitual en partidos en fase de expansión: la dificultad de compatibilizar una estrategia cada vez más centralizada con unas estructuras locales que reclaman autonomía y reconocimiento.

Este tipo de tensiones forman parte, con frecuencia, de los procesos de institucionalización de los nuevos partidos. Menos habitual -y más problemática- resulta la torpeza cometida por el secretario de organización y finanzas, Oriol Gès, al agradecer públicamente durante la inauguración de la sede en Barcelona unas 'donaciones anónimas' que habrían hecho posible su apertura. Una referencia que tiene un grave inconveniente, ya que la ley de financiación de partidos prohíbe expresamente tanto las donaciones anónimas como las finalistas. Si la afirmación fuera literal, se estaría ante un supuesto de financiación ilegal. Un comienzo poco afortunado para un desembarco en Barcelona que, aspirando a simbolizar la madurez y la consolidación política de la formación, ha acabado haciendo gala de amateurismo.

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