Los vuelos de Plus Ultra
Ante los numerosos frentes abiertos, habrá que preguntarse si el PSOE de Pedro Sánchez dispone de profundidad estratégica para resistir

Efectivos de la Policía Nacional durante un registro en la sede de la aerolínea Plus Ultra. / Alberto Ortega - Europa Press
El Gobierno de Pedro Sánchez se ha reubicado entre la espada y la pared, con paso 'cool', adláteres de pelaje muy variado, aliados con daga traicionera y un liderazgo que se está desestructurando de forma exponencial. El tonelaje socialista sigue siendo notable, pase lo que pase en las urnas de Extremadura, pero taponar tantas vías de agua va a generar algo más que melancolía.
En términos de estrategia militar se habla de profundidad estratégica cuando el país atacado dispone de mucho territorio para retroceder ante el avance enemigo, si cuenta con reservas y margen para el contrataque. Eso es lo que permite -por ejemplo- reinstalar industrias en la retaguardia. En fin, la profundidad estratégica resguarda, permite soportar derrotas iniciales y acabar derrotando al enemigo inicialmente vencedor. Suele citarse el caso de Rusia frente a Napoleón y Hitler. La retirada acabó siendo victoria.
Habrá ya que preguntarse si el PSOE de Pedro Sánchez dispone de profundidad estratégica para resistir. Hay dudas entre sus aliados -incluso en su socio de gobierno-, incertidumbre en su frente mediático y un deterioro constante de su peso operativo en el sistema institucional europeo. Son muchos frentes abiertos cuando ocurren cosas raras en la SEPI y cunde la sospecha sobre la conexión caraqueña, de Delcy al avión de Plus Ultra. Como telón de fondo, acosos sexuales, un Peugeot y conversaciones telefónicas que ya son parte del pitorreo nacional a la hora de café de media mañana, multiplicado por el cotilleo digital.
Sánchez preside la Internacional Socialista en el peor momento del socialismo desde la caída del Muro de Berlín. En Europa, los partidos socialistas han ido desapareciendo o están reducidos a un tamaño liliputiense. En estos momentos, a Pedro Sánchez solo la agenda de Rodríguez Zapatero le procura algún contrafuerte exterior, como China o Venezuela, pero sin profundidad estratégica. Es una agenda utilitarista.
Presentarse como líder del antitrumpismo tampoco es una garantía de profundidad estratégica, sino más bien de todo lo contrario, como se constata en el actual dilema europeo: no saber qué hacer con Trump, que es lo mismo que no saber qué hacer con Putin. Eso redunda en el aislamiento de Sánchez, en un momento en que incluso en el PSOE se detectan ya turbulencias internas, nuevos descontentos que se suman a la lista de damnificados del sanchismo en anteriores luchas por el poder interno. La falta de profundidad estratégica al ir perdiendo territorio político, le hace más vulnerable, tanto en su partido como frente a la oposición, a la espera de las venganzas que decidan practicar Santos Cerdán o Ábalos.
Se diría que a Pedro Sánchez ya le ha llegado la hora de hacer una maniobra de retroceso, reagrupar sus tropas y aventurar un contrataque. La cuestión es que le queda poco margen de movimiento, otro de esos golpes al viento que venían caracterizando su paso por la política, más de guion de serie televisiva que de gran novela realista.
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