Europa avanza. A trompicones
La UE ha tomado una decision existencial. De ser o no ser, al endeudarse en 90.000 millones para asegurar la independencia de Ucrania ante la Rusia de Putin

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa. / OLIVIER MATTHYS / EFE
Esta semana se ha vuelto a ver que Europa avanza, pero no de forma clara y lineal sino algo confusa. A trompicones. Es inevitable porque la UE no es un estado con un Parlamento soberano sino la unión de 27 estados con 27 Parlamentos soberanos. Y el Consejo de la UE está formado por 27 jefes de gobierno que muchas veces no tienen mayoría parlamentaria. Así las decisiones no pueden ser fáciles y los consensos son complicados.
Por eso el acuerdo del Consejo Europeo de endeudar la UE -con la garantía de su presupuesto comunitario- en 90.000 millones para prestarlos a Ucrania y que este país siga funcionando y comprando armas para hacer frente a Putin, no es solo un hecho relevante, sino una decisión existencial. Sin asegurar la vida de Ucrania, la UE no tendría credibilidad ni ante Putin ni anti-Trump, que busca un rápido fin de la guerra a costa de cesiones de Ucrania y de condicionar a Europa.
Pero Europa -pese a su debilidad estructural- ha reaccionado y ha tomado una decisión fundamental. Ha aprendido la lección de 1938, cuando Chamberlain y Daladier -jefes de gobierno de Inglaterra y Francia- cedieron parte de Chequia a Alemania esperando así aplacar a Hitler. Pero un año después el Führer -más insaciable- invadió Polonia y se inició la Segunda Guerra Mundial.
El acuerdo tiene inconvenientes. Quizás habría sido mejor -como proponía el canciller Merz y la presidenta de la Comisión- utilizar 90.000 millones de los 210.000 activos rusos congelados por la invasión y entregárselos a Ucrania. El coste económico para la UE sería menor y se habría visualizado una mayor firmeza frente a Rusia. Pero no ha sido posible y por eso la reunión del Consejo Europeo acabó de madrugada. Bélgica se resistía porque gran parte de estos activos están en manos de una sociedad belga y temía los contenciosos jurídicos. Además, Hungría, Chequia y Eslovaquia -amigos de Putin- se oponían con fuerza. Y Meloni era muy reticente.
Por eso el acuerdo es otro. Pero Ucrania no tendrá que pagar intereses hasta que Rusia le devuelva 90.000 millones por reparaciones de una guerra que no parece que vaya a acabar pronto. Y los 210.000 millones siguen congelados y en último extremo servirían para pagar el crédito que ahora la UE pedirá a los mercados.
Además, levantar 90.000 millones en los mercados es otro paso hacia una deuda comunitaria -hacia una cierta unión fiscal- aunque no igual que la deuda para los fondos Next Generation tras la pandemia. Y Alemania -siempre reticente al endeudamiento europeo- lo ha aceptado. Merz ha dicho que era un acuerdo positivo, aunque no el que Alemania prefería.
Como ha dicho António Costa, el portugués que preside el Consejo Europeo, la UE cumple con lo que prometió: sostener a Ucrania, no ya con declaraciones sino con fondos importantes. Y Meloni ha tragado. Aunque Hungría, Chequia y Eslovaquia queden exentas de cualquier carga del crédito. La UE cumple, pero tres países se autoexcluyen. Es pues también un crédito de una “coalición de voluntarios” que en el futuro podría englobar a la Gran Bretaña de Starmer. E incluso a Canadá. La UE avanza a trompicones y con pragmatismo. En política, muchas veces “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.
Y lo mismo se puede decir de la decisión de la Comisión de esta semana de enmendar el pacto verde de hace dos años y alargar la fabricación de los coches convencionales (de combustión) más allá del 2035. El 'todo eléctrico' se retrasa, pero se tendrá que reducir el 90% de las emisiones del 2021. No es lo esperado, pero la industria del automóvil -con muchos trabajadores en muchos países (España incluida)- cree que es obligado para su futuro ante la competencia china. Pedro Sánchez ha dicho que es un error histórico. Sí, el futuro es el coche eléctrico, pero si las empresas automovilísticas no pudieran seguir, el futuro eléctrico aún sería peor.
Más preocupante es el nuevo retraso del pacto con Mercosur, el bloque latinoamericano encabezado por Brasil y Argentina, que se está negociando desde hace más de veinte años. Francia se opone por la presión de sus agricultores (“cuando ruge el tractor se para el motor”). Y si el retraso fuese indefinido la UE perdería mucha autoridad moral como primera potencia comercial del mundo.
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