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Opinión | Conocidos y saludados
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María Guardiola quiere saldar la hipoteca

María Guardiola

María Guardiola / PP DE EXTREMADURA

Ya es Navidad. A la espera de la cantinela del próximo lunes oficializándolo en España, Donald Trump ya se lo ha dicho al mundo. Y como él es la estrella a seguir, aumentando logros y ocultando fracasos de su primer año tras regresar al Despacho Oval, ha impartido la buena nueva para estos tiempos: ni paz ni amor. Solo rencor y venganza a quien le impida seguir haciendo a su manera América grande otra vez.

Con semblante contrariado y voz estridente, la felicitación sonó a trámite. El colofón a una comparecencia decorada con sus obsesiones. Las estéticas, nueva y barroca ornamentación, y la doblez a la ética con la misma agresividad de siempre. Y como en paralelo sus negocios particulares van viento en popa, el discurso quiso hacerles creer a sus compatriotas que el país navega en la misma dirección gracias a sus proezas personales y a pesar de la terrible herencia recibida. No es lo que indican las cifras ni lo que describen las letras pero ya se sabe que hoy son las emociones primarias las que se imponen a las razones procesadas.

En España Pedro Sánchez también ha hecho balance. La resistencia sigue siendo su manual de conducta. Ni la corrupción ni el acoso sexual practicados en su entorno político son motivos para adelantar elecciones ni abandonar el cargo como le exigen algunos propios y todos sus contrarios. Para él estas razones no son más que otro acicate para aguantar y, echando las manzanas podridas, dejar impoluta la cesta de los grandes logros sociales a los que añade un abono general para el transporte. Olvidó que la medida ya se había aprobado hace meses y decayó. No importa. Su actual recuperación va pareja a la de los votos parlamentarios que buscará, dijo de nuevo, debajo de las piedras. Allí los esconden los aliados preocupados por el precio a pagar por haber departido con malas compañías.

Así es como en este período de buenos deseos la evaluación se mezcla con los propósitos y estos se elevan a anhelos. Sea en la Casa Blanca o en La Moncloa. Solo que, en ambos casos los resultados de las elecciones previstas pueden condicionar agendas y expectativas. De medio mandato en los Estados Unidos en noviembre, autonómicas en cuatro regiones españolas a partir de mañana mismo. Serán en Extremadura donde, según las encuestas, a los socialistas les espera una derrota sin paliativos por errores propios y candidato imputado. Se la infligirá María Guardiola Martín (Cáceres, 5 de diciembre de 1978).

Con los 47 recién cumplidos, la primera mujer que ha ostentado la presidencia de aquella comunidad intenta revalidar el cargo y liberarse de Vox. Se lo pide el cuerpo y se lo exige el currículum manchado por su reiterada negativa a pactar con los de Abascal hasta la noche anterior a firmar el acuerdo. A partir de ahí, las contradicciones se fueron acumulando. Empezaron por pedir que en España gobernara el partido más votado cuando su lista no lo fue y siguieron suprimiendo la consejería de Igualdad aunque se quedó para ella su competencia guardando en un cajón su apoyo anterior a la legislación sobre violencia de género y la defensa del aborto. Partidaria de la transición ecológica ayer, hoy exige la moratoria para del cierre de la central nuclear de Almaraz.

Suma y sigue a la obligación de hacer de la necesidad virtud. Ella también.

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