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Opinión | Prospectivas
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Combatir el pesimismo económico

El auge inversor empresarial junto al aumento de la productividad y la reducción de la deuda contribuyen a tejer buenas expectativas cara al próximo año

Un operario trabaja en el exterior en la construcción de vivienda nueva en Esplugues de Llobregat.

Un operario trabaja en el exterior en la construcción de vivienda nueva en Esplugues de Llobregat. / Jordi Cotrina / EPC

La economía española acabará 2025 con un crecimiento bastante mejor del que pronosticamos a principios de año. La tasa de variación del PIB estará cercana al 3%, triplicando la media de la eurozona. A pesar de ser la envidia de Europa, reconocido incluso por el 'Financial Times', existe un cierto pesimismo económico dentro de nuestro país que se resume en la frase “la macro va bien, pero la micro no”.

En este artículo propongo rebatir con datos algunas afirmaciones frecuentes que contribuyen a ese pesimismo. La primera: el crecimiento de la economía española solo se ha basado en la inmigración. La segunda: seguimos anclados en un modelo productivo de bajo valor añadido. La tercera: somos un país cada vez más endeudado.

La ocupación inmigrante explica únicamente la mitad del crecimiento del PIB entre 2022 y 2024. La otra mitad se reparte entre ocupación nacional (30%) y aumento de la productividad por hora trabajada (20%). A pesar de que todavía tenemos una productividad más baja que la zona euro, la diferencia comienza a estrecharse gracias al crecimiento que se está observando desde principios de 2024 (del 6,4% acumulado hasta el tercer trimestre de 2025).

Este crecimiento de la productividad ha ido de la mano de un auge inversor en el sector empresarial después de años de atonía. Con o sin la ayuda de los fondos Next Generation, lo cierto es que las empresas, animadas por las favorables expectativas económicas, han desempolvado sus proyectos de inversión. Y, además, el 20% de toda esta inversión ha ido destinada a activos inmateriales (tecnología, I+D, propiedad intelectual, diseño, marca…), lo que incidirá positivamente en la productividad futura. En 2025 la inversión inmaterial es un 44% superior a la del 2019, mientras que la inversión material (el resto) se sitúa solo un 7% por encima.

En el modelo productivo también se observan cambios recientes. El sector de servicios no vinculados al turismo, que incluye las TIC, actividades financieras, inmobiliarias y otras actividades profesionales, ha crecido a una tasa que dobla la del conjunto de la economía en los últimos cinco años. Estos servicios explican más de la mitad del avance del PIB registrado en este periodo. La competitividad exterior de este sector está lejos de duda, puesto que las exportaciones de servicios no turísticos ya aportan un saldo positivo en la balanza exterior casi tan elevado como los servicios turísticos. Que un sector que emplea principalmente trabajadores cualificados con salarios superiores a la media haya pasado de representar el 12% de la ocupación total en 2000 al 19% en 2024, constituye una buena noticia.

Finalmente, España es un país cada vez menos endeudado. Tanto familias como empresas han aprovechado el periodo de bonanza económica para reducir su deuda, mientras que el sector público la ha aumentado en términos absolutos, aunque en relación con el PIB se ha reducido.

De hecho, el sector público ha sacado provecho del crecimiento económico y de la no deflactación de los tramos del IRPF. Los ingresos tributarios han registrado un incremento acumulado del 52% entre 2019 y 2025 (de enero a octubre). Dichos ingresos han permitido seguir con las políticas sociales a la vez que se ha reducido el déficit público hasta situarlo por debajo del límite del 3% del PIB que fija el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE. 

En resumen, buenos mimbres para tejer un año 2026 en el que deberían consolidarse estas tendencias. No se trata de un exceso de optimismo, sino de lo que muestran los datos. Los mismos que nos recuerdan que todavía tenemos grandes desafíos que afrontar como la vivienda, la falta de personal en las empresas o el exceso de burocracia que limita los proyectos empresariales, por citar solo algunos.

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