Sánchez se pone en 'modo Rajoy'
No ha habido conejo en la chistera. Ni autocrítica, ni una hoja de ruta para afrontar una crisis que interpela a la credibilidad del Gobierno y del PSOE

Pedro Sánchez: "El compromiso del gobierno y el PSOE con el feminismo es absoluto"
Aunque no consta que Mariano Rajoy la pronunciara literalmente, una de las frases más citadas en clave política asociadas a la figura del expresidente del Gobierno es “resistir es ganar”. Se convirtió en una síntesis de su forma de entender el poder: aguantar la presión, dejar pasar el tiempo y confiar en que el desgaste recaiga sobre el adversario. Es, o al menos lo era hasta ahora, la antítesis de la estrategia de Pedro Sánchez, siempre caracterizada por su audacia -temeraria incluso, según sus detractores- y por la iniciativa constante para hacer frente a las adversidades: siempre había un conejo que sacar de la chistera del presidente.
Por eso, en el ‘todo Madrid’ político se especulaba este fin de semana sobre el as en la manga que el presidente tendría preparado para afrontar los dos tsunamis que amenazan al Gobierno: la corrupción que afecta al PSOE y al Ejecutivo, y el MeToo que ha estallado en las filas socialistas. Sin embargo, Sánchez ha optado por resistir y aguantar, disuadido quizá porque las investigaciones policiales pueden deparar nuevas sorpresas y, además, la secretaria de organización del PSOE, Rebeca Torró, y la responsable de Igualdad, Pilar Bernabé, no dan señales de tener bajo control los casos de acoso. Mejor dejar alguna bala en la recámara.
Se impone así el “esperar y ver”, al más puro estilo Rajoy. Y, mientras tanto, relativizar lo sucedido. “¿Hemos cometido errores? Como todos”, minimizó el presidente del Gobierno, en una frase reveladora. Sánchez trató de desplazar el foco al pasado -“la corrupción sistémica acabó con el PP”- y recuperó el mantra del Ejecutivo asediado: “Si hay que aguantar fango, lo haré”, junto a la apelación a la excepcionalidad institucional y a la necesidad de “proteger la democracia” frente a una “oposición ultra”.
El resultado fue un ejercicio de resistencia en el que obvió las explicaciones y la asunción de responsabilidades. No hubo autocrítica ni una hoja de ruta para afrontar una crisis que interpela a la credibilidad del Gobierno y del PSOE más allá del empeño de permanencia.
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