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Opinión | Urbanismo
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Un modelo de ciudad para el siglo XXI

Los núcleos urbanos que no se transformen para atraer talento y ser socialmente equilibradas entrarán en decadencia. En todo proceso revolucionario hay ganadores y perdedores

Barcelona, 18/11/2025. BARCELONA. Vista del skyline con la Sagrada Família desde la azotea de CCOO en Via Laietana. Foto: Zowy Voeten / El Periódico

Barcelona, 18/11/2025. BARCELONA. Vista del skyline con la Sagrada Família desde la azotea de CCOO en Via Laietana. Foto: Zowy Voeten / El Periódico / Zowy Voeten / EPC

Durante las últimas semanas, he tenido ocasión de participar en varios debates sobre la nueva ciudad y la economía del conocimiento. En las líneas que siguen voy a intentar destacar las principales conclusiones.

La ciudad es un fenómeno relativamente reciente en la historia de la humanidad, que ha ido evolucionando en función de distintos procesos. Un momento de ruptura se produce con las dos primeras revoluciones industriales. La primera, que nace en Inglaterra a finales del siglo XVIII y se expande por Europa durante el siglo XIX, se basa en el dominio del vapor y la energía mecánica. Nacen la fabrica y el ferrocarril, que transforman la ciudad y el territorio.

Es una ciudad basada en la mezcla de usos, que aproxima las viviendas de los trabajadores a las fábricas donde van a trabajar 6 días a la semana, con jornadas de 14 horas. Es la ciudad descrita por Engels en 'La situación de la clase obrera en Inglaterra'. Y es la ciudad de Barcelona con su Eixample y sus fábricas en el Poblenou.

Con el siglo XX, un nuevo núcleo tecnológico basado en la electricidad y en el motor de combustión interna, comporta una nueva forma de movilidad centrada en el automóvil y un nuevo modelo energético. Este cambio radical configura una nueva ciudad dispersa, con zonas residenciales separadas de las zonas productivas o polígonos industriales, y de los centros urbanos con sus servicios de todo tipo. Es la ciudad metropolitana actual.

La ciudad es resultado de los procesos de destrucción creativa (Joseph Shumpeter), consecuencia de la irrupción de nuevos sistemas tecnológicos, con sus burbujas y sus crisis y con la intervención decisiva del capital financiero (Carlota Pérez). Se produce una mutación en el modelo de ciudad con la transición hacia modelos urbanísticos distintos.

El actual nuevo sistema tecnológico, basado en las tecnologías de la información y las comunicaciones, comporta la presencia de funciones exponenciales, que transforman las economías a gran velocidad. Por otra parte, con el fenómeno de la globalización, el nuevo sistema productivo se organiza a escala global como un sistema integrado y dependiente. La fábrica se transforma en sistemas productivos conectados, en los que cada unidad aporta un valor al conjunto y el sistema es liderado por las unidades de mayor valor.

Además, consecuencia de lo anterior, aumenta la complejidad del sistema, lo que comporta un cambio cultural fundamental en la historia de la humanidad. La cultura industrial basó su éxito en la especialización, mientras que la cultura del siglo XXI lo basa en la comprensión de esta complejidad mediante el pensamiento sistémico y la configuración de ecosistemas integrados (Donella Meadows). Si no somos capaces de incorporar el pensamiento y la acción sistémicas, retos actuales como el de la vivienda, la productividad, el fracaso educativo o la crisis del Estado del bienestar, entre muchos otros, no tendrán solución.

Finalmente, el factor fundamental del nuevo sistema económico es el conocimiento que tienen las personas. La consecuencia es que las ciudades compiten para atraer talento y este atrae las inversiones de más alto valor añadido. El talento se crea (sistema educativo), se atrae y se fija mediante la creación de ciudades atractivas como ecosistemas innovadores.

¿Qué nuevo urbanismo corresponde con esta fase histórica?, y ¿cómo pueden evolucionar las ciudades hacia este nuevo modelo?; ya podemos avanzar que se tratará de ciudades compactas con mezcla de usos, ciudades culturalmente y socialmente vibrantes, con modelos energético y de movilidad adaptados al siglo XXI. Ciudades atractivas para el talento y socialmente equilibradas mediante mecanismos de integración social, y equipamientos de conocimiento alineados y conectados con la nueva dinámica económica. Y todo ello, mediante un pensamiento y una práctica sistémicas transversales, muy alejadas de las visiones departamentales propias de la cultura industrial, con sus departamentos verticales estancos a la realidad compleja a la que deberían de hacer frente. Sin olvidar la relación de la ciudad central, con su entorno metropolitano y con el conjunto del territorio.

La conclusión principal, es que la ciudad que no se transforma de acuerdo con las tendencias apuntadas entra en decadencia. En todo proceso revolucionario como el que estamos viviendo, hay ganadores y perdedores, no es posible quedarse igual sin hacer nada. No hacer nada es entrar en decadencia.