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Opinión | Centenario
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L'Hospitalet, el hechizo va por barrios

La prioridad son los ciudadanos. La diversidad puede romperse. Toda la ciudad debe beneficiarse del impulso de los próximos años

El Rey reivindica la fuerza de L'Hospitalet en su centenario como ciudad: "Tenéis un potencial extraordinario"

David Quirós: "Las decisiones que impactan en L'Hospitalet se toman ahora en L'Hospitalet"

El centro comercial La Farga, en el centro de l'Hospitalet de Llobregat.

El centro comercial La Farga, en el centro de l'Hospitalet de Llobregat. / ZOWY VOETEN

En el L’Hospitalet de los 80 no había hoteles. Ninguno. Me hablaron de una pensión Lolita, pero era más un chiste, por cierto, algo machista. En el Hospitalet de los 80 solo había un restaurante chino, cuando en Barcelona ya se había puesto de moda la cocina cantonesa. Estaba en Collblanc, pero no he logrado recordar la dirección. La segunda ciudad de Catalunya y también la segunda no capital de provincia de España, ha tenido una evolución constante desde aquellos días. Ahora la transformación que se le viene encima es la más importante de su historia.

Ese camino al futuro se percibe en sus habitantes. Existe orgullo, un hechizo que se manifiesta a través de la pertenencia al barrio. No existe una particularidad tan específica en toda la corona metropolitana. Quien es de ‘Castefa’, pues es de ‘Castefa’; quien se siente de Badalona, lo hace siendo de Badalona. Sin embargo en L’Hospitalet los vecinos son de Santa Eulàlia, de La Torrassa, de Can Serra, de Bellvitge o del Centre, entre otros. Solo hay una Santa Eulàlia o un Bellvitge, y están en ‘Hospi’.

Durante unos años intentó marcar su hecho diferencial de ciudad ante Barcelona con bastante fracaso. De hecho, era difícil encontrar a alguien que se presentara como de L'Hospitalet fuera de la población. Ni en la propia ciudad. Mejor resumir la pertenencia con un “soy de Barcelona”, sin más. El sentido de inferioridad era muy elevado. Cuando se abría una tienda con un diseño novedoso y estiloso, normalmente el cliente exclamaba: “Vaya, parece que estoy en Barcelona”.

El cambio fue progresivo y en silencio. Y sobre todo, con los jóvenes. De pronto se dieron cuenta que no hacía falta ir a la capital ni a comprar, ni a pasarlo bien. Todo lo contrario. Un detalle que sorprenderá: uno de los primeros Zara en aquellos 80 estaban en la zona de Collblanc, cerca de la fronteriza Riera Blanca. Pero era L'Hospitalet. Cosas del territorio. El primer Zara en Catalunya se inauguró en la calle Pelai de Barcelona, en 1983.

Se entiende, entonces, que la celebración del centenario de L’Hospitalet como ciudad se culmine con la visita del Rey Felipe VI al consistorio. De no tener ni un hotel, la ciudad ha pasado a ser uno de los centros con mayor número de pernoctaciones, con una actividad económica que tiene la telefonía móvil como eje internacional y un proyecto en salud que transformará completamente el paso de la Gran Via por la ciudad, donde intervienen la UB y el Clínic.

Los tiempos de expansión siempre deben ser gestionados con tino. Es una tarea delicada que ha de liderar el alcalde David Quirós. La prioridad son los ciudadanos. La diversidad de L’Hospitalet puede romperse. Toda la ciudad debe beneficiarse del impulso de los próximos años. Es imposible reconvertirla en una urbe menos masificada. Lo que se hizo en los años 60, ahí está. Sin embargo, es posible convertir sus calles en más habitables. Con decisión. Como, por ejemplo, el Distrito Cultural, una excelente atracción intelectual y creativa, aunque, de momento, es un proyecto que se ha quedado a medias.

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