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Opinión | Editorial
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L'Hospitalet, una gran ciudad

Las obras del nuevo ArtHub de la Fundació 'la Caixa' en L'Hospitalet

Las obras del nuevo ArtHub de la Fundació 'la Caixa' en L'Hospitalet / FUNDACIÓ 'LA CAIXA'

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En 1925, este mes de diciembre hará 100 años, L’Hospitalet de Llobregat recibió el título de ciudad, tras haber superado los 27.000 habitantes cuando había empezado el siglo XX con solo 5.000. Aquel municipio básicamente agrícola primero y después industrial logró mantener su propio curso histórico sin seguir el de otras poblaciones del llano barcelonés absorbidas por la capital y fue protagonista en primera persona de cada uno de los cambios sociales, económicos y urbanos del último siglo, hasta multiplicar en este periodo por diez su población (hoy de 292.713 habitantes) para convertirse en la segunda ciudad de Catalunya y ser sede de las empresas que suman el 3% del PIB catalán. EL PERIÓDICO, que desde el traslado de su redacción en 2021 es uno de los nuevos vecinos (residentes, empresas, trabajadores de industrias y servicios, hoteles, investigadores, personal sanitario) que han encontrado en L’Hospitalet un entorno donde poder desarrollarse, dedica a esta efeméride su edición de hoy, con contenidos ligados al pasado y sobre todo el futuro de la ciudad en las apuestas principales de cada una de sus secciones. Hoy (y también cada día) EL PERIÓDICO es EL PERIÓDICO DE L’HOSPITALET.

Con la llegada masiva de mano de obra durante el desarrollo industrial y constructivo de Catalunya durante los años 60 y 70, L’Hospitalet corrió el peligro de convertirse en una ciudad dormitorio, un enclave de vivienda asequible pero sin identidad propia y sin actividad económica que permitiese sostener la necesidad de provisión de servicios sociales para sus vecinos. Y con un urbanismo desordenado e hiperdenso en algunos de sus barrios que aún sigue condicionando su desarrollo, aunque obstáculos como los tramos menos urbanos de la Gran Via o las vías del tren tengan el final de su condición de barreras urbanas en el horizonte. El activismo vecinal que demandó la mejora de las condiciones de vida y el compromiso de los ayuntamientos democráticos por crear ciudad en todos los sentidos, desde la cultura al deporte y la formación, y hacer que, como dice hoy su alcalde David Quirós, las decisiones sobre L’Hospitalet se tomen en L’Hospitalet, evitaron que su ciudad se convirtiese en una simple extensión de la capital a la que está unida físicamente sin solución de continuidad. Y la apuesta de sus sucesivos alcaldes por impulsar la actividad económica a lo largo del eje de la Gran Via ha hecho que ese proyecto de ciudad autónomo y con personalidad sea viable.

Tras el cierre de grandes industrias tradicionales, la apuesta por la urbanización de la plaza Europa como centro de negocios, la fructífera asociación con la Fira de Barcelona y, ahora, el gran proyecto de consolidar un gran polo biomédico de servicios sanitarios e investigación completando la transformación de la Gran Via han garantizado un futuro económico para L’Hospitalet. Una serie de proyectos que no se contradicen sino que son la condición necesaria para sostener las políticas sociales en las que pone ahora el foco su alcalde. Entre ellas, un impulso a la formación para que sus jóvenes estén cualificados para optar a los puestos de trabajo que se creen. El reemplazo masivo de la población llegada de otras partes de España en algunos de sus barrios por la migrada desde otros continentes ha hecho volver a la casilla de salida algunos problemas que ya vivió hace unas décadas. La concentración en viviendas sin condiciones en barrios densos, con los problemas de convivencia y, también, inseguridad que eso conlleva. Y la presión de atender las necesidades de una población con una renta inferior a la media, sin dejar a nadie al margen de la atención de esos servicios sociales, ni desatendido en sus inquietudes justificadas.