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Opinión | Girona
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Orgullosamente sucia y cara

Hay que conseguir ser también líderes en el precio de la tasa de basuras, qué se habrán creído los valencianos

Las tasas de basuras en un hogar medio de València, Girona y Tarragona son las más altas de España

Contenedor de basuras.

Contenedor de basuras. / Pixabay

Esto no puede seguir así, los ciudadanos deberíamos protestar. Girona, que ostenta con orgullo el título de ciudad más sucia del mundo después de haber superado a Bakú -de hecho, la ciudad azerbaiyana no fue nunca un rival serio- tiene la segunda tasa de basuras más alta de España, superada solo por València, según publicó el Observatorio de la Fiscalidad de los Residuos. La ciudad más sucia y la segunda más cara. Uno no entiende cómo los gerundenses admiten esas cosas sin pestañear, sin rebelarse siquiera. Hay que revertir esta situación. Hay que conseguir ser también líderes en el precio de la tasa de basuras, qué se habrán creído los valencianos.

Exijo desde aquí un incremento en la tasa de residuos. No es que ser la segunda ciudad más cara sea un mal puesto, la media de 238 euros anuales que paga cada hogar gerundense no está nada mal -en Toledo no llegan a 57 euros, los muy pobretones-, pero estamos tan acostumbrados a liderar sin esfuerzo el ránking de ciudades sucias, que todo lo que no sea el primer puesto en cuanto a tributos nos parece poco. Si consiguiéramos superar a València en la tasa de residuos, podríamos ir por la vida con la cabeza bien alta, explicando a todo el mundo -nos los pregunten o no, el orgullo es así- que además de la ciudad más asquerosa, Girona es también la más cara en lo que atañe a basuras.

Una vez conseguido, todos nos preguntarán cómo hemos alcanzado el éxito en dos temas aparentemente incompatibles, y entonces es cuando nosotros, con indisimulada vanidad, responderemos: gracias a nuestro ayuntamiento, y en especial a nuestro alcalde, que ha conseguido la cuadratura del círculo, ser los más caros y los más sucios. Para que después vengan los de siempre a decir que la CUP no sirve para gestionar ni una escalera de vecinos, a ver quién más sería capaz de conseguir que las calles tengan el aspecto de un vertedero y a la vez pagar como si viviésemos en la impoluta Copenhague.

Tal vez haya en el mundo algún alcalde que haya logrado tener una ciudad limpia aplicando una tasa baja, lo cual significaría también conjugar al mismo tiempo dos temas en principio contrarios. No negaré que eso suponga cierta dificultad, pero no tiene ni punto de comparación con el milagro de Girona, que es pagar mucho por ser los más sucios. Parece fácil, pero entraña mucha dificultad porque, si uno se despista un momento, alguien puede recoger la basura que está desperdigada por una calle cualquiera, o un funcionario municipal poco atento puede ordenar limpiar un parque y de esta forma, casi sin darnos cuenta, Calcuta nos supera en cuanto a suciedad. Por fortuna, los gerundenses tenemos un alcalde siempre vigilante para que eso no suceda, no va a permitir que un descuido eche por la borda todo el trabajo que ha costado ser la ciudad más sucia, para alegría y solaz de gaviotas, ratas, cucarachas, algún jabalí y resto de fauna, que sabe que en Girona nunca le ha de faltar algo que llevarse a la boca.

Hay que desbancar como sea a València, sus 287 euros anuales suponen una afrenta, no solo a todos los gerundenses, sino en especial a Lluc Salellas, el alcalde que, no sin esfuerzo, nos ha colocado en el mapa de las basuras. Hasta que no logremos ser los más caros, no podemos descansar, y estoy seguro de que nuestro primer edil ya está ideando fórmulas para aumentar la tasa. Sin que el incremento se note en el estado de las calles, por supuesto, eso no hace falta ni señalarlo, no vaya a ser que, preocupados por ser la ciudad más cara, olvidemos mantenernos como la más sucia, descendiendo en una clasificación lo que subimos en la otra. De todas formas, no creo que exista ese peligro, Salellas ha demostrado desde el inicio de su mandato que nadie tiene que darle lecciones de suciedad, está perfectamente capacitado para cobrarnos más dinero y conseguir no solo que las calles permanezcan igual de asquerosas, sino aumentar incluso el nivel de mugre, algo que a primera vista parece imposible pero no olvidemos que es de la CUP, un partido en el cual las utopías se hacen realidad.

-¿También la republiqueta?

- Bueno, no todas las utopías, pero algunas sí. Las de cochambre, sin dudarlo.

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