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Opinión | Editorial
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45 años del Taller de Músics

Sin iniciativas como la impulsada por Cabrera, Barcelona, y no solo su música, sería menos diversa y más gris

Barcelona. 12 de diciembre del 2025. Taller de Músicos clou, con Lluis Cabrera, este 2025 con presentación de un libro coral, 45 años en la Librería Byron. Fotos de Sandra Roman

Barcelona. 12 de diciembre del 2025. Taller de Músicos clou, con Lluis Cabrera, este 2025 con presentación de un libro coral, 45 años en la Librería Byron. Fotos de Sandra Roman / Sandra Román / EPC

Cuando estas semanas estamos recordando el 50 aniversario de la muerte del dictador no solo deberíamos echar la vista atrás a un proceso de transformación política sino también valorar el terremoto social, cultural y creativo del que aún hoy somos herederos. Solo algunas de las iniciativas surgidas esos años fueron más allá de ser un fermento creativo pero fugaz y supieron crear un ecosistema cultural a su alrededor, consolidarse como institución y adaptarse a la nueva realidad que habían contribuido a crear. Siempre con una complicada relación con las administraciones, en una permanente tensión, no siempre resuelta de forma equilibrada, entre la necesidad de apoyo público y la dependencia de la administración, la consolidación como institución cultural y el mantenimiento de la libertad artística y el espíritu crítico. El Taller de Músics, que nació en el Raval y ha crecido en Sant Andreu, guiado por el espíritu inconformista de su hasta ahora director, Lluís Cabrera, es una de ellas. Sin su apuesta por géneros como el jazz o el flamenco (al igual que hicieron otros proyectos como los de Zeleste o el Aula de Música Moderna i Jazz, hoy en el Conservatori del Liceu) no se explica el panorama musical de una Barcelona que sin ellos sería más uniforme, menos diversa y más gris. Estas nuevas iniciativas, y los conservatorios tradicionales hoy renovados, acabaron encontrando cada uno su lugar, enriqueciéndose mutuamente y creando un denso tejido formativo.

El sello más característico del Taller es, seguramente, la introducción en su momento de un concepto acorde también con el tiempo en que nació. Un criterio según el cual la educación musical, según su propio lema fundacional, ha de establecer puentes entre el aula y el escenario. En palabras de Lluís Cabrera, que deja de estar al frente del Taller justo en la celebración del aniversario para ser relevado por el exconseller Joan Manuel Tresserras al frente del patronato y por Eunice Romero como directora, «lo que cuenta es el talento, no los títulos que a nadie piden para subir a un escenario». Aunque el Taller los expida, algunos de los talentos que han nacido en su seno han encontrado allí la forma de crecer al margen en un marco académico flexible. Durante estas cuatro décadas largas el Taller ha conseguido ser, al mismo tiempo, casa discográfica y taller de producción y gestión de espectáculos, y centro de educación superior acreditado por la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Catalunya.

El legado de Cabrera no solo se ciñe a la continuidad del proyecto, sino también al hecho que el Taller de Músics, desde sus inicios libertarios hasta haberse convertido en un centro de primer nivel, ha luchado como tal en la defensa de los derechos de los profesionales de la música, promoviendo conciertos y produciendo material discográfico, sin olvidar las acciones sociales que ha llevado a cabo en el entorno del Raval. El Taller ha sido y sigue siendo, en estos 45 años, un epicentro de actividad artística, un laboratorio de creatividad y una institución musical referente en la agitación cultural del país.

Por eso mismo son interesantes las reflexiones del propio Cabrera en distintos aspectos que atañen a la realidad del sector en Catalunya. Desde la dificultad de programar música en vivo en locales con aforo reducido a la falta de inversión pública en este campo en comparación a lo que ocurre con el teatro o la danza. Desde la falta de reconocimiento de los músicos a las tentaciones de reducir la actual diversidad de la oferta académica. O la necesidad de reconocer que Catalunya solo puede ser plural , una batalla de la que difícilmente el fundador del taller se jubilará.