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Opinión | Opinión

Estrategias para combatir el sinhogarismo: poner la vivienda en el centro

La crisis de la vivienda está detrás del 62% de casos de personas sin hogar en Catalunya

El Govern ultima un plan de choque con ayuntamientos para abordar el sinhogarismo en Catalunya

Personas sin hogar acampadas en la Zona Franca.

Personas sin hogar acampadas en la Zona Franca. / Jordi Otix / EPC

El sinhogarismo es una de las expresiones más duras de la exclusión social, pero en Catalunya no es un fenómeno marginal ni excepcional. Es, sobre todo, el resultado directo de una crisis residencial que lleva años agravándose. Esta es una de las principales conclusiones del informe Estrategias contra el sinhogarismo, que he coordinado junto con otros expertos a petición del Departament de Drets Socials i Inclusió.

Cuando hablamos de sinhogarismo, todavía pensamos demasiado a menudo en la imagen de dormir en la calle. Pero la realidad es mucho más amplia y a menudo invisible. Incluye también a las personas alojadas temporalmente en centros, a quienes viven en habitaciones sin seguridad jurídica o a quienes habitan en condiciones precarias, masificadas o sin los mínimos estándares de habitabilidad. En definitiva, un conjunto diverso de situaciones que comparten un mismo problema de fondo: la falta de una vivienda digna y estable.

Los datos disponibles —incompletos y poco comparables entre sí— apuntan a un crecimiento sostenido del problema. Sabemos, además, cuáles son sus principales causas: según la encuesta sobre las personas sin hogar del INE, más del 60% de las entradas en el sinhogarismo en Catalunya tienen origen residencial. Un 32% de las personas encuestadas llegan a esta situación por un desahucio; un 16%, por no renovación del contrato; y un 14%, porque ya no pueden asumir el alquiler. Las causas individuales, como problemas de salud, adicciones o separaciones, explican una proporción mucho menor de los casos.

También sabemos que el fenómeno se ha cronificado: casi la mitad de las personas sin hogar hace más de tres años que no dispone de una vivienda propia, y más de la mitad no tiene una red familiar o amistosa de apoyo. Mientras tanto, los recursos actuales (albergues, centros de emergencia, pensiones) son imprescindibles pero insuficientes, porque no ofrecen salidas estables en un contexto de falta estructural de vivienda asequible. La saturación y las estancias largas se han convertido en síntomas habituales.

Catalunya ha hecho avances recientes en coordinación institucional y en la profesionalización de la atención, especialmente a raíz del Marco de Acción 2022–2025. Pero sigue faltando una arquitectura estable de gobernanza, una política de prevención robusta y un sistema integral de datos que permita planificar con rigor y evaluar las actuaciones.

El informe propone tres grandes líneas de actuación. En primer lugar, reforzar la respuesta directa con la creación de una Oficina Autonómica para la Lucha contra el Sinhogarismo, la implantación de un dispositivo de emergencia 'No 2nd Night Out' y la ampliación de centros de baja exigencia en todo el territorio.

En segundo lugar, situar la prevención en el centro con un programa integral contra los desahucios y pasarelas residenciales para personas que salen de instituciones. La reciente aprobación por parte del Govern de las oficinas del Servicio de Protección y Estabilidad Residencial (SPER) es un paso en la buena dirección. Finalmente, mejorar de manera sustancial la recogida e integración de datos, imprescindibles para cualquier estrategia efectiva.

La conclusión es clara: solo garantizando el acceso a una vivienda asequible y reforzando la prevención podremos reducir un fenómeno que, demasiado a menudo, es la consecuencia final de procesos de vulnerabilidad evitables. Erradicar el sinhogarismo es posible, pero requiere un compromiso sostenido y una visión estructural. Catalunya ya ha dado los primeros pasos; ahora hace falta convertirlos en un verdadero cambio de rumbo.