Desnudos y crudos
Nunca se me habría ocurrido ir con una pareja a dar de comer a unas cabritas y a observar cómo unos robustos jabalís se rebozan en el barro, pero la condición humana lo admite todo

Una golondrina alimenta a sus polluelos, ya fuera del nido.
Hace tiempo que desconozco cuáles son las artes de seducción actuales, pero quiero pensar que, a pesar de todas las innovaciones técnicas en forma de plataformas de citas, la cosa consiste, básicamente, en un ejercicio de confluencias que permiten crear la ingenua ilusión de haber encontrado a una persona con la que puedes compartir experiencias que hacen vibrar a los dos. Por eso, en las aplicaciones coinciden personas que han expresado unas filias o unas aficiones comunes. También es cierto que existen programas de televisión que hacen justamente lo contrario. En beneficio del espectáculo, se trata de juntar a dos individuos que no tienen nada en común.
Me imagino que la pareja con la que me crucé hace días en un recinto silvestre llamado Molló Parc, con animales (salvajes y domésticos) en cautividad (pero con un cierto espacio para correr), expresaron en su momento que amaban la naturaleza. Se me hizo extraño ver a aquellos dos enamorados en un ambiente más bien proclive al gozo infantil. A mí, nunca se me habría ocurrido ir con una pareja, solos, a dar de comer a unas cabritas y a observar cómo unos robustos jabalís se rebozan en el barro, pero la condición humana lo admite todo. Parecían felices, en una soleada y amable mañana de otoño.
El caso es que coincidimos en unas cuantas estaciones de este vía crucis animal. Con los lobos árticos, con un oso pardo, con una nutria. Fue en el hábitat de la nutria (una balsa donde se bañaba y una colina por la que subía) que encontramos a un operario que le arrojaba alimento en forma de polluelos muertos, con una cabecita minúscula. La chica le preguntó si el pajarito estaba asado. El hombre dijo: "No, no. Es crudo, tal cual". Uno de los que me acompañaba en la excursión, rodeado de criaturas absortas con el ir y venir de la nutria, me miró y sonreímos. Comentó: "Supongo que no saben qué decirse y al menos así, con esta aventura selvática, tendrán tema de conversación". Ya me imagino la escena, volviendo, amorosos, al albergue: “Qué cosa tan bestia, verdad, comer polluelos desnudos y crudos”.
Suscríbete para seguir leyendo
- Vive solo en una cueva desde hace décadas: agua propia, electricidad y una vida lejos de todo
- La Sagrada Familia es un bodrio
- Detenido en Cornellà por estafar 150.000 euros a ancianos haciéndose pasar por un gestor bancario
- Catalunya tendrá listas este año las dos grandes 'fábricas de agua' de Barcelona y Sant Feliu
- La Guardia Civil avisa de un nuevo problema con las nuevas balizas V-16
- Un traumatólogo experto en deportes de invierno advierte: 'El esquí no es lesivo, la forma en que se practica sí puede serlo
- Globos de Oro 2026: Los mejores vestidos de la alfombra roja, de Amanda Seyfried a Teyana Taylor, Jennifer Lawrence y Ariana Grande
- PortAventura se queda sin su montaña rusa más emblemática por un tiempo: el Dragon Khan inicia una renovación histórica
