Han rodado cabezas por menos
De la autoridad digamos que se espera más obediencia a la ley y más de todo. Pues no digamos de todo un señor fiscal general del Estado
El Supremo condena al fiscal general porque "no puede responder a una noticia falsa mediante la comisión de un delito"
El Supremo acota las consecuencias de la condena a García Ortiz al considerar "proporcionado" que no se extienda a su condición de fiscal

L’ex fiscal general de l’Estat Álvaro García Ortiz, en una foto d’arxiu. | CABALAR / EFE
Los queridos lectores que además hayan sido espectadores de la serie de HBO 'The Gilded Age' (La Edad Dorada) recordarán el supremo momento en que una venerable matrona del Nueva York de rancio abolengo, pero pobretón, interpretada por Christine Baranski, descubre iracunda que su mayordomo le ha “puesto los cuernos” para servir la cena en la mansión de la nueva rica de enfrente. “Por menos que esto han rodado cabezas”, le susurra ominosa.
Pues otro tanto le ha pasado al fiscal general del Estado. Un análisis sosegado -de los que ahora mismo no abundan- de la sentencia condenatoria contra Álvaro García Ortiz arroja un titular inmediato: le han declarado culpable, pero por la mínima. La multa impuesta es ridícula vista la que se le pedía. Lo peor, para entendernos, es el guantazo institucional. Pero el castigo podría ser mucho más severo y, si no lo es, probablemente Álvaro García Ortiz tenga que agradecerlo a la inexistencia física de pruebas más inequívocas y concluyentes de su participación directa en la filtración de secretos, que es el origen de todo el asunto. Que no hay pistola humeante, vamos.
Otra cosa es que sí huela, y cómo, a cuerno quemado. Es obvio que don Álvaro García Ortiz se desveló y preocupó mucho más por desmentir que la fiscalía estuviera pensando en alcanzar un pacto de conformidad con la pareja de Isabel Díaz Ayuso, que por indagar el origen de esas filtraciones. Estando en su mano, siendo probablemente su deber, ni se le pasó por las mientes investigar de oficio de dónde salían esos chivatazos. O no tenía dudas o le daba igual.
Encima va y borra los whatsapp. Si eso no es hacer desaparecer el cuerpo del delito... Para compararlo con un caso que también ha merecido el interés del Tribunal Supremo y de la calle: cuando ardió el “cuerpo en llamas” de Pedro Rodríguez, la víctima del conocido como 'crimen de la Guardia Urbana' de Barcelona, la justicia se quedó objetivamente sin manera humana de saber cómo había muerto ese señor exactamente, y por la mano precisa de quién. Si mentía la archicondenada Rosa Peral o el por ahora bastante mejor librado Albert López, que se acusaban y se acusan mutuamente. ¿Consideró el fiscal o el juez que, ante la imposibilidad de llegar al fondo de la cuestión, mejor concederles el beneficio de la duda? Qué va. Les metió en el trullo a ambos, a ella con más saña, porque se les antojó más mala malísima, y hasta hoy.
Es posible que la severidad en estas condenas tuviese algo que ver con la condición de agentes de policía de los reos. De la autoridad digamos que se espera más obediencia a la ley y más de todo. Pues no digamos de todo un señor fiscal general del Estado.
Lo peor de todo este sainete es que cada vez se ve más exigua la hoja de parra que cubre la separación de poderes. No ya de los tres poderes clásicos (legislativo, ejecutivo y judicial), sino de todos ellos con el llamado 'cuarto poder'. Que los medios de comunicación actúen como infantería de la guerra entre rojos y azules no es algo, por desgracia, inaudito. Pero pocas veces se había dado con el descaro que hemos visto ahora.
¿Se acuerdan de Juan Lobato, el asustadizo socialista madrileño que corrió a registrar ante notario los correos? Seguramente, en parte lo hizo porque su condición de técnico de Hacienda del Estado le hacía ser muy consciente de que estas cosas las carga el diablo. Pero en la actuación de Juan Lobato, que como su propio nombre indica no es rival para lobos mucho más crecidos de su propio partido, también pudo pesar el miedo a que alguien intentara matar dos pájaros de un tiro haciéndole comerse el 'marrón' a él.
Don Álvaro García Ortiz prescindió totalmente de este tipo de prudencia. O porque iba y va muy sobrado, o porque entre todos han normalizado que las instituciones sean una batalla campal entre partidos políticos en la que vale todo.
Personalmente, siempre he pensado que Isabel Díaz Ayuso se hizo un flaco favor a sí misma, y a su pareja, politizando tanto las acusaciones contra él como su defensa. Cuando bastaba con pedir dejar trabajar a la justicia y tal y tal. Pero vista la actuación del fiscal general, ya no sabes qué es el huevo y la gallina.
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