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Opinión | Ágora
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Gabriela Mistral y Catalunya

La poeta chilena, única mujer hispanohablante que ha ganado el Nobel de Literatura, amó Barcelona y plasmó este vínculo en poemas y escritos

La poeta chilena Gabriela Mistral.

La poeta chilena Gabriela Mistral. / L.O.

Hace 80 años, la poeta chilena Gabriela Mistral se convirtió en la primera y hasta ahora única mujer latinoamericana, pero también la única hispanohablante, en ganar el premio Nobel de Literatura. El anuncio no se hizo en octubre sino en noviembre, porque en 1945 Europa salía de una guerra que había arrasado el continente. Ella se enteró de la noticia por la radio y emprendió un viaje de 21 días desde la ciudad brasileña de Petrópolis, donde residía como cónsul, hasta Estocolmo.

Unas décadas antes, Gabriela Mistral, nacida como Lucía Godoy Alcayaga, había comenzado una relación intensa con Catalunya. Su interés por la cultura catalana la había hecho escoger a los 19 años su nombre literario en honor al poeta Frederic Mistral y al pisar por primera vez Barcelona, en 1924, conocía bien la obra de Joan Maragall y Josep Carner. Catalunya había respondido a su entusiasmo publicando, en 1923, una antología con su temprana producción poética que se convirtió en la primera en ver la luz en Europa. En esa época ocurrió también otro hecho que la unió a Catalunya de por vida y fue el nacimiento en el paseo de Gràcia de Barcelona de Yin Yin, su sobrino Juan Godoy Mendoza, que ella adoptó y se convirtió en su único hijo.

Siendo cónsul en Madrid, Gabriela Mistral pasó largas estancias en Barcelona, la más importante en 1935 cuando se alojó durante una temporada en la Residencia Internacional para Señoritas Estudiantes del Palacio de Pedralbes. Se vinculó a los círculos literarios de la época y nacieron obras en prosa como 'Recado a Joan Maragall', 'Carner el catalán' y 'Elogio de la ciudad de Barcelona', y poemas como 'Mujeres catalanas' y 'Canción de las niñas catalanas'. La relación que se forjó en esos años la llevó en 1938 a publicar su obra 'Tala', uno de sus mayores logros literarios, con el fin de donar los beneficios de su venta a las instituciones catalanas que atendían a huérfanos de la Guerra Civil.

Muchos de estos episodios están recogidos en un libro de próxima publicación, titulado 'Cinceles porfiados', donde su autor, Carlos Carroza Sandaño, recopila no solo la obra de Gabriela Mistral inspirada o dedicada a Catalunya sino también entrevistas, reseñas, cartas y documentos que revelan esta intensa relación. “La Residencia de Pedralbes, a la cual dediqué el último poema de 'Tala', alberga un grupo numeroso de niños, y a mí me conmueve saber que ellos viven cobijados por un techo que también me dio amparo en un invierno duro”, dice en su obra más querida que donó a la infancia catalana y que, de alguna manera, fue el Winnipeg personal de Gabriela Mistral. Uno que sigue siendo desconocido para el gran público, porque su figura se ha visto ensombrecida durante décadas por la de Pablo Neruda. Probablemente porque era mujer, lesbiana y mestiza, algo que ha invisibilizado su legado y su pensamiento, que se adelantó a su tiempo en ámbitos como los derechos humanos, desafiando convenciones y convirtiéndose hasta hoy en la única iberoamericana que ha recibido el premio más prestigioso de la literatura.