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Dos atalayas

Tanto el periodista como el historiador saben que su labor es justamente el cultivo de una verdad llena de dudas, pero honesta y consecuente

Francesc-Marc Álvaro (ERC): "Vox ha rehabilitado la figura de Franco"

El diputado de ERC en el Congreso Francesc-Marc Álvaro con su nuevo libro.

El diputado de ERC en el Congreso Francesc-Marc Álvaro con su nuevo libro. / Elisenda Pons

Escribir sobre la historia (y más si se trata de hechos recientes, con un relato sobre episodios que todavía no están cerrados y de los que no sabemos el final) es un ejercicio ciertamente complicado. Puede hacerse desde el rigor estrictamente académico o desde una atalaya privilegiada que es, a la vez, un punto de observación elevado y un descenso al barro de la realidad vivida. En el primer caso, el profesor analiza y describe movimientos. En el segundo, el autor abandona las notas a pie de página y se abona a las notas a pie de calle. O, dicho de otra forma, asume el riesgo de involucrarse personalmente en la reflexión, que deja de ser una disciplina universitaria y pasa a ser una disección que incluye también la propia percepción de un tiempo vivido.

Este es el caso de dos libros de ensayo que se acaban de publicar y que son, en cierto modo, complementarios. En 'Una recança infinita' (Arcàdia), el historiador Josep M. Muñoz explica, nos explica, en una retrospectiva de cincuenta años, el pasado reciente de la política catalana, hasta la actualidad. En 'El franquisme en temps de Trump' (Pòrtic), el periodista y ahora diputado al Congreso Francesc-Marc Álvaro analiza las nuevas caras de la extrema derecha, en España y en Catalunya. La atalaya del primero es el bagaje intelectual asumido a lo largo de veinticuatro años como director de la revista 'L'Avenç', con unas memorables entrevistas a políticos, artistas y pensadores. La del segundo, es el privilegiado espacio que ocupa ahora, al otro lado de la barrera, sin perder de vista su filiación periodística: no se limita a la práctica política, sino que va más allá, con la constatación de unas posturas, de unos hechos de los cuales hace una disección severa.

Ambos, Muñoz y Álvaro, ejercen, pues, de retratistas del panorama en el que hemos vivido y en el que vivimos, lejos de la frialdad conventual y convencidos de que es desde la personal visión de la jugada cuando se puede lograr, como dice Muñoz, “una mayor credibilidad del relato”. O, como afirma Álvaro, al referirse a la rehabilitación actual del franquismo, "con una extraña mezcla de incredulidad, estupor, asco, indignación y dolor".

Estos dos libros –recomiendo una lectura consecutiva e inmediata, porque cuentan historias que se entrelazan– no tienen la intención de proponer fórmulas mágicas o recetas o tratamientos profilácticos para curarnos o para hacer frente a “la melancolía que tardará en desvanecerse” (en el caso de la Catalunya que dibuja Muñoz) o para evitar el “vaciado democrático” que propone la extrema derecha (en el caso de Álvaro), esa “democracia reducida a un escenario”, la desaparición de la verdad como valor. Tanto el periodista como el historiador saben que su labor es justamente el cultivo de una verdad llena de dudas, pero honesta y consecuente. Sin embargo, ambos, no se están de abogar por una lucha "contra la desesperanza, convocados a la resistencia", o favor de "la persistencia de la voluntad de ser" de un catalanismo que lo volverá a intentar. Quizá para “fracasar mejor”, como decía Samuel Beckett.

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