Maldiciones apocalípticas
Ese Gobierno que ha cometido tales aberraciones, que ha violado las leyes de la guerra y se ha burlado de ese dios al que dice servir, muestra su ira hacia quien no quiere compartir una fiesta con nadie que le represente

El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar. / MAGDA GIBELLI / EFE
A veces, la frivolidad deviene el escaparate de la trascendencia. Eurovisión, con toda su estética kitsch y hortera, es un auténtico fenómeno global a nivel de audiencia y el festival supuestamente apolítico más sensible a la geopolítica. Su propia creación en 1956 tuvo una evidente intención de reunificación europea tras la Segunda Guerra Mundial. La expulsión de Rusia en 2022 por la invasión de Ucrania fue plenamente aceptada. Pero no ha sido así con Israel. De nuevo, el país participará en la próxima edición. Europa, presa de sus fantasmas y de sus intereses, incide en la vergüenza.
Hoy, Israel es un estado genocida gobernado por unos dirigentes elegidos democráticamente que han asesinado de forma sistemática a más de 70.000 personas. Palestinos que han muerto bajo las bombas lanzadas sobre sus barrios, sus escuelas, sus hospitales y sus campos de refugiados. Que han sido abatidos por balas que apuntaban a hombres, mujeres y niños indiscriminadamente y que, aun peor, jugaban con sus presas en un delirio psicopático colectivo: hoy disparamos a la cabeza, hoy al vientre, hoy a las piernas. Palestinos que han sido sometidos a una hambruna despiadada, mientras los almacenes de ayuda humanitaria estaban atiborrados de alimentos y los camiones listos para marchar en su auxilio. Nada. Prohibido el paso a la decencia y la compasión.
Ahora, ese Gobierno que ha cometido tales aberraciones, que ha violado las leyes de la guerra y se ha burlado de ese dios al que dice servir, muestra su ira hacia quien no quiere compartir una fiesta con nadie que le represente. Acabáramos. "Que la desgracia caiga sobre ellos", ha afirmado el ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar. Y esos "ellos" son España, Países Bajos, Eslovenia e Irlanda, quizá también Islandia y Bélgica. Los países que han decidido retirarse de Eurovisión al confirmarse la participación de Israel en el festival. Exactamente, ¿qué ha querido decir este señor con sus palabras?
Soberbia e impunidad
Desde el acuerdo del alto al fuego el pasado 10 de octubre, más de 350 gazatíes han muerto por ataques israelíes. Dos niños al día, informa Unicef. La ayuda humanitaria no entra con el volumen necesario para hacer frente a las necesidades. Tampoco los equipos para reparar infraestructuras vitales y retirar municiones sin explotar, escombros contaminados y aguas residuales. La mayoría de la población vive en tiendas de campaña improvisadas. El 80% de los edificios han sido destruidos (1.500 durante el primer mes de tregua). En la Ciudad de Gaza, el 92%.
Pero, volvamos a la frase: "Que la desgracia caiga sobre ellos". ¿Qué grado de soberbia, de impunidad absoluta, ha alcanzado un dirigente --o un gobierno-- para expresarse como un matón iluminado? Mucho tiene que haber normalizado su capacidad de agredir, de patear los derechos humanos, para dirigirse así a otros países. Teniendo en cuenta la desgracia que su Gobierno ha hecho caer sobre Gaza, ¿es solo una bravata? Esa amenaza apocalíptica ilustra por qué Israel debía haberse expulsado de Eurovisión.
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