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Cuando en la emergencia se pide ayuda a los cazadores, agitar el maltrato a los perros como una especie de pecado original para deslegitimarles, me parece ruin
Los cazadores se activan para contener la peste porcina pero piden ayuda para recoger los ejemplares

JORDI BORRÀS / ACN
Hay periodistas que mienten más que hablan. Hay abogados que ayudan a ocultar delitos. Hay jueces que prevarican. Hay médicos que operan sin tener título para hacerlo. Hay financieros que estafan a sus clientes. Hay electricistas, fontaneros o albañiles que cobran en dinero negro. Hay policías corruptos. Hay maestros que violan a sus alumnos. Hay conductores de autobús que beben y conducen. Hay empresarios que explotan a sus empleados. También los hay que se escaquean de pagar impuestos para comprarse una casa del copón. Hay funcionarios que le echan morro para practicar lo del “vuelva usted mañana”. Hay, en definitiva, una fauna de cantamañanas, vividores y delincuentes que habita en cualquier oficio o actividad humana que podamos imaginar. Son pocos. Y también hay cazadores que maltratan a sus perros; incluso que matan al animal cuando consideran que ya no les sirve. O le abandonan, que es otro signo extremo de crueldad hacia un ser vivo. Tampoco son muchos.
Pero como no suelo escuchar sentencias rotundas de que los policías sean corruptos, los funcionarios vagos, los albañiles estafadores, los médicos lerdos o los conductores de autobús unos zumbados, me sigue llamando la atención la contundencia con que se habla del maltrato a los perros, como una salvajada inherente a la caza. Estos días en que la alarma social por la peste porcina ha puesto el foco en los cazadores, bastaría revisar la hemeroteca para comprobar que sus advertencias por la abundancia de jabalís vienen de muy atrás. Animales salvajes paseando por la ciudad, hozando en los contenedores o sorprendiendo a ciclistas, caminantes...¡e incluso bañistas! no constituyen ninguna estampa bucólica. Son una prueba evidente de que la gestión medioambiental y cinegética ha dejado mucho que desear. Y ahora, cuando en la emergencia se pide ayuda a los cazadores, agitar el maltrato a los perros como una especie de pecado original para deslegitimarles, me parece ruin. Y antes de que nadie ponga el grito en el cielo, ya lo digo yo: sí, soy cazador. Otra cosa son los escopeteros. Y los maltratadores.
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