Guerra y paz
En ocho meses de mandato, dice Trump que ha conseguido ocho acuerdos de paz, aunque lo que hace allá donde se mete es negocio

El presidente Donald Trump recibe el Premio inaugural de la Paz de la FIFA por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el sorteo de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Centro Kennedy, el viernes 5 de diciembre de 2025, en Washington. / Evan Vucci / AP
En su obsesión por conseguir el Premio Nobel Trump banaliza la paz para venderla como un producto de consumo inmediato. En ocho meses de mandato, dice Trump que ha conseguido ocho acuerdos de paz incluyendo sorprendentemente uno entre Egipto y Etiopia, por una presa en el Nilo donde ni hay conflicto armado, ni el acuerdo de paz que reclama el presidente exista. Palestina lleva más de 200 muertos por arma desde que Israel declaró la paz, en un acuerdo que cumple todos los requisitos de un lado, para acabar con el otro y que puede indicar el camino de lo que pretende hacer con Ucrania: promover una victoria rusa mientras obliga a Europa a rearmarse, comprando -eso sí- armas americanas. El último de estos ocho acuerdos, firmado entre los presidentes de Ruanda y Congo, es el mejor ejemplo de cómo se puede banalizar la guerra y la paz. Para algunos, la República Democrática de Congo es ese país que mediante una millonada ha estampado el nombre en la camiseta de entreno del Barça, pero tal vez desconozcan que esos millones proceden de uno de los países más pobres del mundo. El 80% de su población vive con menos de dos dólares al día. Sin embargo, las entrañas de este país guardan las mayores reservas del mundo de minerales estratégicos y tierras raras necesarias para las compañías tecnológicas y material de defensa. Se concentran en el Este del país, donde Ruanda, uno de los países más ricos de África, controla a través de una guerrilla afín todo el territorio. La guerra empezó tras el genocidio y en los más de treinta años que dura no ha habido un solo día de paz, ni siquiera esta semana pasada mientras sus presidentes contribuían con su firma a la farsa de un acuerdo que no ha variado en nada la situación. No importa la paz, lo que quiere Trump es meterse en el lucrativo negocio de las minas, que además le proporcionaría una ventaja estratégica frente a China ¿Presidente de la paz? Mientras ataca a Venezuela o califica de basura a los somalíes, lo que hace allá donde se mete es negocio. En eso se basa su banalización del sufrimiento y la paz.
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