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'Era un gran desconocido'

En el caso Ábalos, se está demostrando que lo personal estaba relacionado con lo profesional, el corazón del Gobierno de España

Sánchez ve "chantaje" en las "falsas" acusaciones de Ábalos, pero descarta querellarse

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ex ministro José Luis Ábalos, conversan durante un mitin de campaña en noviembre de 2019, en el pabellón polideportivo de Mislata (Valencia).

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ex ministro José Luis Ábalos, conversan durante un mitin de campaña en noviembre de 2019, en el pabellón polideportivo de Mislata (Valencia). / Miguel Lorenzo / Delegaciones

«En la parte personal era un gran desconocido para mí». La frase del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, refiriéndose a su exmano derecha, José Luis Ábalos, respondiendo a una pregunta de la periodista Gemma Nierga, abre el debate: ¿hasta qué punto el jefe, líder, responsable de una organización o departamento, debe conocer la «parte personal» de sus colaboradores más estrechos? Aceptando sin dudar de que el derecho a la intimidad es sagrado, ¿dónde está la frontera entre qué se debe informar o saber de la vida privada de los subordinados?

El elemento básico en los equipos de trabajo, que pueden pasar más tiempos juntos entre ellos que con sus familias al cabo de la semana, es la confianza. Esta confianza está aposentada sobre unos valores y una cultura que son las que definen la espontaneidad de las relaciones. Hay personas más expansivas que otras a la hora de contar qué hacen, dónde van y qué ritmo de vida llevan en su vida personal. Otras, en cambio, crean un muro sobre su vida personal infranqueable. Entre los dos extremos, decenas de grises. Todos respetables. Al trabajo no se va a hacer amigos, aunque puedas acabar, con el paso del tiempo, haciéndolos. «No me cuentes tu vida», escuché hace muchos años a un redactor jefe de un periódico decirle esto a un redactor.

Hay limitaciones objetivas que siempre deben darse a conocer si, en algún momento, pueden entorpecer y perjudicar la labor profesional: un problema familiar o de salud son los más habituales. En el límite entre el terreno profesional y personal está la información sobre posibles conflictos de intereses y la situación económica. Primer ejemplo: cuando algún miembro de la familia puede trabajar en la competencia, es un relevante cliente o un agente tributario, hay que analizar si esta situación puede generar riesgos para la organización. Segundo ejemplo: cuando el estilo de vida del subordinado puede levantar alguna ceja, más allá del chisme. Cuántas veces no se han hecho estas preguntas: «¿Ha heredado, está casado/a con una millonaria/o, le ha tocado la lotería?» por el coche que conducía o las vacaciones que escogía año tras año.

¿Conocen todo los padres de los hijos? ¿Y las parejas entre sí? ¿Cuántas separaciones y divorcios se han producido porque ha habido una infidelidad o engaño, que también puede ser económico? Por no hablar de adicciones. En el terreno espinoso de las relaciones de pareja, mejor no preguntar. Basta dejar que se cuente con total libertad. Más espinoso es cuando estas relaciones se producen dentro de la organización. Aun manteniendo el derecho a la intimidad, siempre que esta relación pueda generar conflictos potenciales, llegará un momento en que deberá salir, discretamente, a la luz..

En el caso Ábalos, se está demostrando que lo personal estaba relacionado con lo profesional, el corazón del Gobierno de España. ¿Hasta dónde desconocía Sánchez a su número dos? Haga usted el acto de fe que quiera. Nadie pareció informarle o no quiso enterarse. Ni se preocupó ni se ocupó. Asumió un alto riesgo. A la vista está.

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