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Opinión | Editorial
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España, socio de Marruecos

La opacidad informativa ha servido también para que sea más llevadero no dar respuesta a las preguntas que sin duda hubiese suscitado la falta de concreción en el comunicado conjunto

Sánchez apoya la resolución de la ONU que prima la solución "autonomista" de Marruecos para el Sáhara

España sigue consolidando sus relaciones con Marruecos, como primer socio comercial del vecino del sur, interlocutor imprescindible a la hora de regular los movimientros migratorios y la actividad del islamismo radical y cada vez más en sintonía en la escena internacional, pero sin que históricos problemas de vecindad encuentren respuesta real más allá de las buenas palabras. La reunión de alto nivel celebrada ayer entre ambos países, saldada en tres horas, culminó en cambio con un comunicado conjunto de 119 puntos y con la firma de 14 acuerdos que deberían abrir la posibilidad de una cooperación más adaptada a los desafíos futuros de ambos países. Bien está que esta cooperación se haya extendido a aspectos nuevos, como la inteligencia artificial, la ciberseguridad, el cambio climático, o la transición energética, además de los tradicionales como la agricultura o la inmigración. Sin embargo, ello hace todavía más injustificable la opacidad que rodeó el encuentro. Presidido por Pedro Sánchez y su homólogo marroquí, Aziz Ajanuch, este terminó sin una rueda de prensa como la que siguió a la anterior reunión. Un veto informativo que quizá fuese inevitable de producirse el encuentro en suelo marroquí, pero que, como han manifestado organizaciones profesionales de los periodistas españoles, no debería ser asumido sin más como una actitud aceptable por parte de nuestro Gobierno. Aunque, de hecho, la transparencia no sea la característica que mejor define las relaciones establecidas entre el Ejecutivo de Pedro Sánchez y el reino alauí.

La paradoja entre la importancia de los acuerdos suscritos y la negativa a comentarlos ante la prensa se debe, probablemente, a las divisiones que la relación con Marruecos provoca en el Ejecutivo español, donde Sumar, pero también sectores del PSOE que no renuncian a su tradicional solidaridad con el pueblo saharaui, mantiene su desacuerdo al apoyo de Sánchez al plan de autonomía para el Sáhara propuesto por Marruecos. Apoyado por la mayoría de los países occidentales y ratificado recientemente por el Consejo de Seguridad -con la abstención de China y Rusia-, este plan supone el fin de la pretensión de autodeterminación del pueblo saharaui. Ya en 2022 Pedro Sánchez manifestó su acuerdo con este enfoque, pero ahora da un paso más al felicitarse por el apoyo internacional y argumentar que «una verdadera autonomía bajo soberanía marroquí podría ser la solución más factible». Quizá sea un ejercicio de realismo político sn alternativa real, pero al mismo tiempo resulta una renuncia difícil de digerir sin expresar al menos alguna reticencia.

La opacidad informativa ha servido también para que sea más llevadero no dar respuesta a otras preguntas que sin duda hubiese suscitado la falta de concreción en el comunicado conjunto. Manifestar la satisfacción sobre el funcionamiento de las aduanas en Ceuta y Melilla no oculta las dificultades reales que el Gobierno alauita sigue imponiendo. Y sobre todo, resulta llamativa la falta de pronunciamiento expreso ante inquietudes, de intererés nacional pero que afectan directamente a las Islas Canarias y acerca de las cuales su gobierno ha expresado vehementemente su inquietud, sobre los flujos migratorios atlánticos, la reivindicación marroquí del control del espacio aéreo del Sáhara y, sobre todo, las pretensiones sobre la delimitación de aguas territoriales cercanas a Canarias, en beneficio de los intereses pesqueros y mineros marroquís. De ser asumidas como se ha asumido el control de este país sobre la antigua colonia española, limitarían sin contraprestación alguna las posibilidades de desarrollo futuro de las islas.