'Dignificar la vocal'
La obsesión por convertir el valenciano en una lengua distinta del catalán la tienen tan asumida e interiorizada que, incluso en un momento de máxima tensión, creen que es necesario variar la inclinación del acento
La exconsellera Pradas aportará al juzgado de la dana los mensajes que intercambió con Carlos Mazón y su jefe de gabinete el 29-O

Salomé Pradas, rodeada de periodistas cuando acudió a declarar al juzgado de la dana, entonces en la Ciudad de la Justicia de València. / Miguel Angel Montesinos
Cada día que pasa sabemos detalles más rocambolescos, más estrambóticos y más trágicos, de la desgracia de las riadas de Valencia. Parece mentira cómo hemos tardado tanto en saberlos y cómo ahora nos llegan con un cuentagotas que suelta episodios que, si no estuvieran en el epicentro de la catastrófica gestión, podrían ser vistos como escenas de una comedia de costumbres.
Ya no digo nada de las horas pasadas en el restaurante y en el párking, de las facturas y de los tickets, de las llamadas perdidas u olvidadas, del jersey y del cambio de ropa, de la llegada al CECOPI, de todas esas escenas que conforman una macabra, inmoral falta de responsabilidad. Me fijo, ahora, en las declaraciones ante la juez de Catarroja del subdirector general de Emergencias de la Generalitat Valenciana, y del Es Alert que no llegó a los móviles hasta las 20.11, cuando ya había decenas de muertos y cuando hacía casi dos horas, al menos, que podía haberse enviado. Resulta que se retrasó, entre otras razones, porque la entonces consellera Pradas (y también el presidente de la Diputación Mompó) consideró que no se podía emitir un aviso de emergencia tan crucial porque "València" estaba acentuado a la catalana, por decirlo así, es decir, con acento abierto, que es como siempre se ha escrito (aun habiendo variedades dialectales), cosa que reafirma Corominas en el “Onomasticon Cataloniae”, la obra magna de la toponimia del país: “literariamente todo el mundo ha aceptado en tierras valencianas la grafía “València”.
Ella, no. Para la exconsellera Pradas, tenían que escribir “Valéncia”, con acento cerrado, como el ayuntamiento de la capital, “para dignificar la vocal histórica”, según un estudio de tonos surrealistas de no sé qué experto. La obsesión por convertir el valenciano en una lengua distinta del catalán, las barbaridades lingüísticas que han perpetrado a tal fin, las tienen tan asumidas e interiorizadas que, incluso en un momento de máxima tensión, creen que es necesario variar la inclinación del acento. Así es la insensata, la peligrosa, la irresponsable manía de los dirigentes del PP.
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