Violencia económica: realidad tangible pero invisible
Es una violencia silenciosa que aun cuando afecta profundamente a las condiciones materiales de la vida y también provoca grandes impactos psicoemocionales no es nombrada como tal en la mayoría de los casos
Más de 105.000 mujeres en España sufren impago de pensiones: el impacto de la violencia económica

Varias personas participan en la manifestación con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres
En el marco del 25N –Día internacional para la erradicación de las violencias contra las mujeres- hemos conocido algunos datos actualizados que nos recuerdan que estamos aún muy lejos de esa erradicación, aunque los diversos canales comunicativos que la ultraderecha utiliza se empeñen en desmentirlo. Entre todos estos datos me gustaría destacar el incremento del 10,9% del impago de pensiones respecto a 2024 en Catalunya-. Este dato se refiere -casi en su totalidad- a hombres que han dejado de cubrir sus obligaciones económicas para con sus hijos e hijas en casos de separación y divorcio. Este dato es solo la punta del iceberg en relación a las violencias económicas que sufren las mujeres y, además, en la mayoría de casos ni siquiera son contabilizados como casos de violencia machista o de género.
La cuestión de la violencia económica hacia las mujeres tiene muchas caras y manifestaciones, pero, al hilo de la reflexión inicial, querría empezar hablando de estas violencias económicas que se producen después de una separación. Es importante tomar conciencia que detrás de muchas separaciones que no pasan por los juzgados de violencia de género sí existe violencia de género. Las razones o creencias por las cuales las mujeres han decidido no denunciar a su expareja pueden ser múltiples: no haber podido ponerle palabras aún a la violencia vivida, miedo a las represalias, pensar que una separación sin hablar de violencia será mejor para los hijos/as, será más fácil llegar a acuerdos, evitar el periplo judicial que supone en muchos casos explicitar la violencia, etc… Cuando nos encontramos ante esta situación es muy probable que la expareja siga ejerciendo violencia a través de la situación económica (entre otras) y ni siquiera sea nombrada como tal. Esta violencia económica suele tener impactos importantes en la vida de niños y niñas sobre todo y, además, en sus madres, por tener que afrontar unos gastos que difícilmente son asumibles con un solo sueldo y, más aún, si tenemos en cuenta que, a nivel estructural, las mujeres cobramos menos y además estamos en sectores profesionales donde se cobra menos por estar feminizados. Hablamos, pues, de una violencia que tiene consecuencias directas en la infancia y adolescencia y, a su vez, es una violencia vicaria porque pretende dañar a las madres.
Sin embargo, como decíamos al inicio, esta es solo la expresión más 'visible' dentro de la invisibilidad de la violencia económica. Dentro de una relación de pareja donde existe violencia machista podemos encontrar distintas formas de manifestación de esta violencia. Ahora bien, a menudo podemos 'leer' las cuestiones que tienen que ver con la economía familiar y personal como un funcionamiento familiar tradicional y no conectar con la desigualdad de poder que subyace en estos comportamientos o normas. Supone un control cotidiano, normalizado; en definitiva, una violencia silenciosa que aun cuando afecta profundamente a las condiciones materiales de la vida y también provoca grandes impactos psicoemocionales no es nombrada como tal en la mayoría de los casos. El control del dinero es el control sobre la vida. Por consiguiente, cualquier acción que limite el acceso de las mujeres a los recursos económicos a los que debería acceder legítimamente es una violencia.
¿Y cuáles son las formas que puede tomar la violencia económica en las relaciones de pareja? El control de los recursos económicos como la imposibilidad de tener tarjetas bancarias, la limitación del acceso al dinero o solo con permiso del hombre son algunas de las formas más evidentes; pero si hablamos de aquellas menos identificables están también las estrategias para disuadir a las mujeres de trabajar fuera de casa o trabajar más horas (con el argumento que hay que priorizar los cuidados y por los ingresos que supone no vale la pena, por ejemplo), disuadir para estudiar y por consiguiente mejorar sus posibilidades laborales. Y otro foco no menos importante: presionar a firmar créditos, hipotecas, etc.. que pueden suponer riesgo sin información clara, fugas de dinero en empresas familiares o impago de cuotas de la seguridad social en los sueldos de las mujeres -también en empresas familiares. Todas ellas reducen la autonomía económica y, por tanto, de vida de las mujeres. Son solo algunas, pero creo que suficientes para poder reflexionar y tomar conciencia.
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