Puigdemont, ¿como James Dean?
Sánchez lo tiene crudo porque en Waterloo no perdonan que la amnistía todavía no haya llegado y creen que el PSOE incumple el pacto de investidura al decir que Catalunya ya está normalizada

El president de Junts, Carles Puigdemont. / Glòria Sánchez - Europa Press
Puigdemont es el rey del mambo. Sus siete diputados son la bisagra imprescindible. Para mantener el Gobierno, o para derribarlo. Cuando el pasado jueves 27 el Congreso -con los votos de Junts, PP y Vox- rechazó el techo de gasto, paso previo a los Presupuestos, y Ábalos, en otro tiempo su hombre de confianza, entró en prisión, Pedro Sánchez se supo mortal. No podía gobernar y la corrupción le cercaba.
Feijóo, que ganó las elecciones de 2023 pero no logró ser investido y al que la oposición se le hace larga, vio que era un momento clave. Convocar otra manifestación en Madrid, la séptima contra Sánchez, no bastaba. Muchos electores de derechas exigían la moción de censura. Pero Feijóo calculó. Una moción de censura se puede ganar, como Sánchez contra Rajoy en 2018. Bien. O perder, como Felipe contra Suárez en 1980, pero ganar moralmente. Pero él podía perderla en el Congreso y tampoco ganarla en la opinión. Optó por la manifestación en la que se gritó “Sánchez a prisión”, cuando dijo que tres de los cuatro del Peugeot de las primarias de Sánchez -Santos Cerdán, Ábalos y Koldo- ya habían probado la cárcel. Solo falta “el Uno”.
Antes, golpe de efecto. En una conferencia en Foment pidió que los empresarios asistentes -entre los que había votantes de Junts- presionaran a Puigdemont para que apoyara una moción de censura previa a las elecciones. "Tengo ganas de censura pero me faltan votos". El Foment y Sánchez-Llibre -en otro tiempo un hábil diputado de CiU en Madrid- debían lograrlos. Como cuando Junts tumbó la ley de las 37,5 horas de Yolanda Díaz.
Pero luego, en el almuerzo con el "grupo de confianza" de Foment, fue claro. Con Puigdemont podían pactar mucho, pero no la amnistía. ¿Por convicción? ¿Porque cree que sus electores no le seguirían? ¿Por miedo a alimentar a Vox? Son precauciones razonables, pero no lo es querer que Puigdemont, que ha roto con Sánchez porque a él no le ha llegado la amnistía, ayude a quien encabezó la cruzada contraria y no rectifica. Y jugándose a sus siete diputados mágicos, que se podrían perder.
El líder del PP pidió en Foment que los empresarios presionen a Junts para que apoye una moción de censura contra Sánchez, pero sabe que es imposible porque, al mismo tiempo, no quiere pactar nada sobre la amnistía
Fue solo un golpe de efecto para recriminar a Junts que no colabore en echar a Sánchez. Y advertirles -educado, no lo explicitó- de un hipotético castigo electoral. Pero un gesto mueve poco y Feijóo sigue bloqueado en su posición de favorito para ganar las próximas elecciones. Y no se siente cómodo. Sánchez -la pesadilla que sufre desde 2023- sigue. ¿Hasta cuándo? Y Abascal sube. ¿Hasta dónde?
Sánchez, hace poco displicente, ha cogido miedo. Aunque no haya moción de censura, ¿cuánto podrá aguantar si pierde casi todas las votaciones en el Congreso? ¿Son, él y Puigdemont, como los dos automovilistas del famoso film 'Rebelde sin causa' de James Dean que corren hacia el precipicio? ¿Quién saltará antes? ¿Sánchez porque arriesga la Moncloa y Puigdemont solo Waterloo? Asustado, el lunes se vistió de simpático penitente -según el CEO el 46% de los votantes de Junts le aprueban- y contestando a Jordi Basté en RAC 1 y a Gemma Nierga admitió no haber cumplido con Junts. E hizo concesiones serias que gustarán a los alcaldes, a los autónomos y las pymes, a los dueños de pisos okupados… Aunque quizás no todas sean viables porque Podemos, Bildu, y hasta ERC y Sumar, son reticentes. Y dio órdenes. Así Incluso Marisu Montero, que además de vicepresidenta es candidata del PSOE a presidir Andalucía, el martes se "arrodilló" (García Page dixit).
Pero Sánchez lo tiene casi tan crudo como Feijóo. Puigdemont está irritado al cubo porque aún no tiene la amnistía. Sánchez no ha 'apretado' lo suficiente a los jueces. Y el Constitucional no es Marchena. ¿Y qué le pasa a él si Sánchez tiene que dimitir antes de que Pumpido mueva el culo? ¿Y qué es eso de superar el conflicto catalán diciendo que Illa -un sicario de España- ya ha normalizado Catalunya? En su cultura, el PSC es el enemigo interno.
Y lo peor. Cree que desde Waterloo no controla a sus inquietos alcaldes, nerviosos ante Orriols en las municipales de 2027. Necesita volver ya. O puede morir porque la encuesta del CEO dice que empata con Orriols en las preferencias a president. ¡Los coches hacia el precipicio!, esperando que Sánchez salte antes. Caso contrario, ¡al precipicio los dos! ¿Como Sansón cuando hundió el templo?
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