Opinión | Miel, limón & vinagre
Teresa Peramato, la fiscal yeyé
La nueva fiscal general ya debe de haberse preguntado qué tiene de positivo cambiar una vida dedicada a luchar contra la violencia machista por otra cuyos compañeros de escenario son los 'peinados', 'hurtados' y 'martinezarrietas' de turno

Teresa Peramato.
El cerebro humano pierde a menudo el tiempo en digresiones inútiles que apenas sirven para darnos cuenta de lo simples que somos. Desde su nombramiento como fiscal general del Estado, cada vez que me topo con el apellido de la nueva titular, Teresa Peramato, mi cerebro le añade de forma absurda el agregado 'yeyé'. Peramato Yeyé, como aquel grupo con nombre de aminoácido de la década de los 80 del siglo pasado que cantaba Un hombre en mi nevera. La memoria histórica nos conduce en ocasiones a terrenos de lo absurdo. Me resulta imposible no referirme a Aspen sin pronunciar a continuación Colorado, pero hay otras combinaciones (o colocaciones, composiciones naturales y frecuentes de palabras en un idioma) primas lejanas de la sinalefa que el cerebro tiende a unir para siempre (cruda realidad, lluvia torrencial, felizmente casados).
Ojalá los problemas de la Fiscalía General del Estado se redujeran a una cuestión gramatical, que también las suscita (¿Fiscal o fiscala?). El hecho es que Teresa Peramato Martín (Salamanca, 63 años) ha sido designada fiscal general y ya tiene los mismos problemas que Glutamato Yeyé en su canción más reconocible, como si realmente hubiera un hombre en la nevera de la política y de la justicia que una mañana arramblara con la mermelada, los huevos y los yogures; a la siguiente robara los cocos y las bebidas; y más tarde envenenara las chirimoyas. Al final de la canción, el autor de la letra llega a la conclusión de que vive una paranoia que "puede durar mi vida entera, la vida del hombre de mi nevera". Políticos, jueces y fiscales han conseguido convertir un servicio público en una paranoia con trazos de 'vendetta' y 'omertá'. La lista musical de una parte de la justicia en España poco tiene de yeyé, más bien de 'trash metal' y 'hardcore punk'. En el peor de los casos, de tarantela.
Teresa Peramato llega al cargo tras el tsunami causado por su antecesor y las filtraciones ligadas al novio de Ayuso y a la paranoia de Miguel Ángel Rodríguez, que cuenta con muchas papeletas para rebelarse como el hombre en la nevera de todo este asunto. Peramato es feminista, lleva 35 años en la carrera fiscal, la mayor parte de ellos dedicada a luchar contra la violencia machista, a hacer valer los derechos y libertades de las mujeres, los menores y las minorías. Ha hecho un trabajo notable, reconocido incluso por las asociaciones de fiscales más conservadoras que no esconden su tendencia al 'agitprop' y han saludado el nombramiento con buenas palabras. A estas horas, Peramato ya debe de haberse preguntado más de una noche, antes de conciliar el sueño, qué tiene de positivo cambiar una vida dedicada a luchar contra la violencia machista por otra cuyos compañeros de escenario son los 'peinados', 'hurtados' y 'martinezarrietas' de turno. Confiemos en que no se haya perdido una buena representante del Ministerio Público de violencia sobre la mujer a cambio de una fiscal general ocupada en descubrir al hombre de la nevera o a seguir dócilmente las órdenes del Gobierno que la ha nombrado.
En la Fiscalía General del Estado, como en el Poder Judicial o en el Tribunal Supremo, nunca se sabe dónde acaba el Derecho y cuándo empieza la política. Por la experiencia acumulada, la nueva titular de la plaza conoce de sobra que una parte de la judicatura y de la cúpula de algunos partidos consideran que la violencia de género no existe, lo que debe de darle una idea del cenagal en que deberá chapotear a partir de ahora. Y no solo porque la extrema derecha niegue que tal cosa exista —los crímenes de género—, sino porque algunos representantes del principal partido de la oposición, con vocación de Estado, no acaban de tenerlo claro (véase, verbigracia, el reciente ejemplo del alcalde de Alpedrete). Los pactos de gobierno entre el PP y Vox amenazan con frivolizar el problema y dan alas a las inquietantes opiniones negacionistas de parte de la juventud española. Su nombramiento, de hecho, se produjo en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Pero el objetivo principal de Peramato viene de serie con el puesto de fiscal general. No conozco a nadie que haya ocupado ese puesto sobre el que no haya pesado, con mejores o peores argumentos, la sospecha o la certeza de que actuaba a expensas de lo que le marcaba el Gobierno. Y esa sospecha es tan perjudicial para la democracia como las maniobras de acoso y derribo que llevaron al banquillo a su predecesor y acabaron con su carrera.
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