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Opinión | Energías renovables
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Reticencia eólica

Saber objetivamente dónde y cómo conviene poner los parques es como tener un buen plan urbanístico. La ausencia de planes urbanísticos favorece a los especuladores

Catalunya probará si municipios como El Papiol, Begues y Corbera pueden acoger un mini parque eólico

Generadores eólicos

Generadores eólicos / Europa Press

En mi casa tengo una potencia instalada de 10 kWp en placas fotovoltaicas. Y climatización por aerotermia. Creo en ello. El sistema me da un buen resultado económico y cierta satisfacción moral. Decidí ser parte de la solución, no del problema. En la medida de las posibilidades de cada cual, creo que todo el mundo tendría que emprender este camino. Pero la generación autónoma doméstica solo puede cubrir una parte (pequeña) de la demanda energética global. Para enterrar la era de los combustibles fósiles, hay que cambiar de escala, solo tranquilizar conciencias no basta.

La generación fotovoltaica supone un salto adelante. No puede, sin embargo, superar la constante solar: del Sol nos llega 1,3 kW por metro cuadrado y basta. La eficiencia de las placas actualmente disponibles es del 20%, de forma que no capturamos más de 0,25 kW por cada metro cuadrado de placa. Aquí entra la generación de la eólica. En poco espacio, un aerogenerador captura mucha energía, el viento se encarga de hacérsela llegar. Por eso nos hace falta generar electricidad eólicamente. Esto no parece rebatible. ¿Por qué tantas reticencias, entonces?

Un solo aerogenerador exige una pequeña empresa inversora y una gestora detrás; un parque eólico, una empresa bastante más grande. Así que a la reticencia paisajística ante los parques eólicos se suma la comprensible prevención hacia la depredación de recursos y acumulación económica abusiva de algunos (¿muchos?) operadores, solo hay que ver sus cuentas de resultados. El camino son los parques eólicos bien puestos y, tanto como se pueda, controlados por la misma ciudadanía. No pido poco. No voy contra los operadores, que siempre harán falta y, además, aseguran el funcionamiento global del sistema; voy a favor de la gente.

En concreto, a favor de los municipios pequeños, la mayoría de los cuales lo son en población, no en extensión. En los municipios demográficamente pequeños y territorialmente grandes es a donde irán a parar los parques eólicos o solares, porque es donde hay espacio. Pero como son demográficamente débiles, resultan fácilmente depredables. Las compañías energéticas los desbordan en capacidad inversora y técnica. No en derechos sobre el territorio, en cambio. Aquí empiezan a chirriar las cosas: los ayuntamientos pequeños tienen bastante capacidad de interferir y no un gran liderazgo. Se trata de que consigan este liderazgo.

El año que viene llegará el Plater (Pla Territorial Sectorial per a la Implantació de les Energies Renovables a Catalunya). Ya era hora. Un cierto sálvese quien pueda (y siempre se salvan los que más pueden...) ha imperado hasta ahora. Si hubiéramos tenido este plan territorial, nos habríamos ahorrado muchos problemas: han progresado demasiado los aprovechados y también ha crecido demasiado el griterío. Me parece que los ayuntamientos tendrían que abrazar con decisión el Plater. Saber objetivamente dónde y cómo conviene poner los parques es como tener un buen plan urbanístico. La ausencia de planes urbanísticos favorece a los especuladores y los desaprensivos que desestructuran el territorio, ya lo hemos aprendido. Con el Plater, si se hace como es debido, los ayuntamientos podrán hacer más que entorpecer a las rapaces o someterse a los que vociferan.

En Catalunya hay 484 micropueblos (municipios con menos de 500 habitantes). Representan a la mitad de los municipios catalanes (51%), pero solo vive allí el 2,5% de la población (unos 200.000 habitantes de los más de ocho millones que somos). Estos 484 municipios totalizan 16.298 km², la mitad de la superficie del país (50,8%). Obviamente, tendrán que acoger una muy considerable parte de los parques fotovoltaicos o eólicos que vendrán (a menos que vayan al mar). Es cuestión, pues, que se organicen. No para protestar, sino para liderar territorialmente el proceso. Los grandes operadores ya hace tiempo que están organizados.

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