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Opinión | Tribunales
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A la rehabilitación por la depilación

Entrar en la cárcel no implica abandonar el cuidado de sí mismo, que uno no sabe nunca en qué sección va a encontrar el amor de su vida

Justícia autoriza máquinas de depilación láser para la población trans de las cárceles catalanas

Depilación láser

Depilación láser / iStock

Como imagino que los presos trans están muy solicitados en según qué galerías, ahora tendrán en la misma cárcel un servicio de depilación láser. Lo va a pagar la Generalitat, o sea, todos nosotros, de manera que cuando nos encontremos con un presidiario, o presidiarie, perdón, sin un solo pelo en todo el cuerpo, además de admirar su finísima piel podremos decir con orgullo que luce precioso, o preciose, gracias a nosotros. Los presos heteros, e incluso los homosexuales, quedan fuera de esta oferta estéticocarcelaria, así que continuarán siendo presos de pelo en pecho, como llevan siendo toda la vida. La opción de que se depilen a la cera queda descartada porque hoy se considera tortura.

También funcionarios de prisiones han acogido con alborozo la medida. Tras años reclamando mejores condiciones de trabajo, por fin han sido atendidos. De ahora en adelante, si son agredidos por un preso trans de cuerpo lampiño como culito de bebé, darán las gracias a quien corresponda. Sin pelo de por medio, que le rompan a uno la cabeza se acepta con higiénica satisfacción.

Entrar en la cárcel no implica abandonar el cuidado de sí mismo, que uno no sabe nunca en qué sección va a encontrar el amor de su vida, si en las duchas o en la lavandería, así que más vale estar en todo momento en perfecto estado de revista, o sea, sin un pelo de más. Aunque todavía no sepamos exactamente si los presos trans -o se llaman transpresos?- deben compartir cárcel con presos, con presas, o en días alternos con unos y otras, más vale acicalarlos por lo que pueda ser. La depilación láser ha de ser solo un primer paso, puesto que no sirve de nada si no se acompaña de manicura, maquillaje, podología, baños de barro, 'lífting' y ropa interior picantona, todo a cargo del contribuyente. Lejos de molestarnos, hemos de tomarlo como una inversión que beneficia a toda la sociedad, ya que uno nunca sabe si no va a terminar un día en la cárcel, y entonces bien que le va a gustar que su compañero de celda está presentable, que le pregunten si no a Ábalos y a Koldo. O al propio Vivales, que si no ha levantado la voz para criticar la medida es porque, al paso que la va la ley de Amnistía y con el negro futuro de sus impulsores, un día va a agradecer el nuevo servicio.