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Opinión | El mar alrededor

Peste porcina en Collserola: No hemos aprendido nada

La peste porcina hallada en jabalíes de Collserola ha puesto en riesgo la economía de Catalunya, por lo que las autoridades insisten en la importancia de la prevención y la higiene del calzado

Una manada de jabalíes.

Una manada de jabalíes. / EUROPA PRESS/ARCHIVO / Europa Press

Un programa de televisión que tuvo mucho éxito hace unos años, y que generó versiones en distintos países, sucedía en un aeropuerto internacional. Los agentes de aduanas controlaban el acceso de pasajeros al recinto, y mientras inspeccionaban los equipajes aparecían historias variopintas, curiosidades, dramas y comedias. Los viajeros siempre aparecían sorprendidos por los registros e interrogatorios, aunque algunos solo lo simulaban, si eran delincuentes. Las drogas y las armas hace tiempo que dejaron de ser los únicos objetos peligrosos en las tareas de blindaje de las fronteras. Desde aerosoles hasta baterías de recarga de teléfonos móviles pueden ser un problema, el desplazamiento de especies vegetales o animales potencialmente pueden provocar una plaga o una epidemia. En aeropuertos como el de Sídney no son extraños los registros de maletas y las preguntas sobre las suelas del calzado. ¿Has estado hace menos de seis meses en el campo, cerca de alguna granja?. ¿Pueden confiscarte las botas de montaña?

La peste porcina de Collserola

Hace décadas que estos controles fronterizos están operativos, y la alerta sanitaria actual generada por un brote de peste porcina en Collserola ha traído a mi memoria la serie documental por el control concienzudo del calzado. Si el viernes se había anunciado ya el hallazgo de jabalíes muertos, y se prohibía el acceso al parque natural de Barcelona, el fin de semana los controles en los accesos eran burlados repetidamente por numerosas personas, que o se hacían los despistados o realmente son atolondrados. El cambio de planes de última hora para un fin de semana de ocio no parecía estar contemplado en su calendario vital, ni que un agente forestal se lo comunicara. Incluso hubo alguna que otra carrera para burlar la vigilancia de los accesos.

El comportamiento de algunos de estos domingueros incívicos emula el de aquellos que en plena pandemia y con orden de confinamiento y toques de queda, eludían la norma de forma habitual para salir a correr, o socializar, cuando la distancia de seguridad era esencial para evitar la propagación del virus.

El virus de la peste porcina llegó al estómago de los jabalíes muertos probablemente a partir de un embutido contaminado, y ahora puede extenderse con facilidad solo con que una suela de calzado entre en contacto con restos de heces o pelo del animal infectado, y también con fango en la hierba cerca de las granjas. De la suela de un zapato, a la rueda de una bicicleta o un coche, el virus puede seguir su recorrido hasta contagiar a otro cerdo o jabalí y así seguir la cadena de propagación que ya sabemos lo que implica: no está en riesgo la salud humana, pero sí la economía de un sector agrario importante, todo su entorno y las familias que viven de él. Catalunya arriesga hasta mil millones de euros por la crisis abierta por el brote de peste porcina, el impacto en las exportaciones internacionales y las explotaciones porcinas es enorme y aún estamos a tiempo de evitar una propagación desastrosa si todos y cada uno de nosotros actuamos con la diligencia necesaria. Aunque conociendo la experiencia de este fin de semana, me temo que no hemos aprendido nada.

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