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Opinión | Editorial
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Atajar la peste porcina

El potencial efecto en toda España de este foco aún localizado exige colaboración ciudadana y territorial

La UME despliega 117 militares en Barcelona contra la peste porcina, comandados desde Santa Perpètua

Efectivos de la UME y agentes rurales se reúnen en la zona declarada en cuarentena por la Peste Porcina Africana en Torreferrussa, antes de iniciar las tareas previstas.

Efectivos de la UME y agentes rurales se reúnen en la zona declarada en cuarentena por la Peste Porcina Africana en Torreferrussa, antes de iniciar las tareas previstas. / ZOWY VOETEN

La peste porcina africana ha reaparecido en España de forma súbita, en plena región metropolitana de Barcelona, a pie de autopista e infectando a jabalís de hábitos casi urbanos. Es un golpe que pone en vilo a un sector que exporta por valor de 8.000 millones de euros en toda España, 3.000 de ellos desde Catalunya, y que ve peligrar el acceso a los mercados extracomunitarios, por valor de 1.000 millones de euros al año en Catalunya. España logró deshacerse de esta epidemia después de haberse visto afectada entre 1960 y 1994. Desde ese momento en que quedó libre del virus el sector de la carne de cerdo y sus productor derivados vivió un 'boom' que ha hecho de España la segunda potencia exportadora, hasta producir el 24% de la UE y transformar el paisaje económico y social de comarcas enteras, con una sexta parte del PIB agropecuario del país. Ahora todo esto puede sufrir una sacudida de dimensiones inciertas (que la política de algunos grandes importadores como China sea la de la «regionalización», que pasa por vetar solo las zonas directamente afectadas, al menos moderará el impacto) si el brote localizado en el Vallès no se ataja de forma efectiva en los próximos días. Mientras, el hecho de que la carne de las comarcas barcelonesas sea comercializable en España y la UE (el potencial impacto es económico, no de salud pública sobre las personas) debería ser gestionado de forma eficaz.

La peste porcina africana regresó a Europa en 2007, se expandió desde el Cáucaso a Europa del Este y los Balcanes y ha tenido ya incursiones en países como Suecia, Bélgica o Italia. La contaminación a través del transporte por carretera desde esos países, sea a través de comida contaminada u otro vector, era perfectamente posible sin necesidad de que se quiera buscar culpables en actividades señaladas de forma rutinaria por algunos a cada crisis, como la ganadería intensiva. La superpoblación jabalís en un entorno urbano sí puede resultar ahora un factor de dispersión. Pero es precisamente la cría doméstica de cerdos lo que ha hecho que el virus se extendiese en los últimos años por países como Ucrania, Bielorrusia, Polonia o los Balcanes. La estructura del sector en Catalunya, con granjas modernizadas y controladas, es un factor que afortunadamente dificulta la expansión de la enfermedad: en este sentido, que todas las explotaciones en la zona donde han aparecido jabalís muertos estén libres de infección es un elemento que permite moderar el alarmismo. Que no la alarma necesaria.

La reacción debe ser inmediata. El seguimiento estricto de las restricciones de acceso al medio natural establecidas para evitar la propagación deben ser seguidas estrictamente; es un gesto de solidaridad con las 300.000 personas que viven de esta actividad en toda España. Y la colaboración entre administraciones, que ha sido inmediata con la participación de la Generalitat, los ayuntamientos y el Ejército, debe ser aplaudida. Ante cada crisis hay quien suele exigir a las primeras de cambio que sea abordada desde la administración central, en una muestra de desconfianza hacia el Estado de las autonomías, y quien, al contrario, recela de cualquier intervención de organismos centrales. Ni una cosa ni la otra: es una crisis ante la que la Generalitat tiene las competencias, los medios y la capacidad para reaccionar, que requiere de la ayuda de medios como la Unidad Militar de Emergencias sin reticencia alguna y que, por su potencial efecto en el conjunto de España, exige aún más de la concertación de esfuerzos a todos los niveles territoriales