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Señor presidente, no era tan difícil sospechar de Ábalos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ex ministro José Luis Ábalos, conversan durante un mitin de campaña en noviembre de 2019, en el pabellón polideportivo de Mislata (Valencia).

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ex ministro José Luis Ábalos, conversan durante un mitin de campaña en noviembre de 2019, en el pabellón polideportivo de Mislata (Valencia). / Miguel Lorenzo / Delegaciones

Los periodistas no debemos ser nunca noticia. Ni siquiera para defender al Fiscal General del Estado de sus propios errores. Pero esta semana que ha entrado en prisión José Luis Ábalos, junto a Koldo García, permítanme, como diría Alsina, que les cuente una pequeña historia. Cuando en el año 2020 me nombraron director de EL PERIÓDICO varias personas me recomendaron que visitase a Ábalos en aquel momento ministro de Transportes y secretario de organización pero al que todo el mundo presentaba como “el que manda en el PSOE y en el Gobierno”. Pedí, sin intermediarios, la cita y me recibió con rapidez. No nos conocíamos ni teníamos amigos en común. A los pocos segundos de presentarnos en su despacho oficial del ministerio me pidió permiso para fumar. Se lo di porque soy un exfumador tolerante. Y durante una hora encendió un cigarro con el siguiente. La conversación fue cordial. Me contó la agenda del Gobierno y habló en todo momento en primera persona del plural dando a entender que él y Pedro Sánchez eran una sola cosa. No tengo elementos para saber si en este punto fanfarroneaba. Pero sí puedo decir que algunas de las cosas de las que me avanzó acabaron pasando como por ejemplo, los indultos del ‘procés’.

Al salir de la reunión y reportar el contenido a mi superior, le expliqué lo del tabaco y concluimos que Ábalos se exhibía con una total sensación de impunidad, convencido de que podía hacer lo que le diera la gana y no le pasaría nada. Esta es una condición necesaria aunque no suficiente para entrar en una espiral de corrupción. Fumar en un despacho oficial sin la mínima sensación de peligro es propio de quienes piensan que lo les pillarán nunca y que si lo hacen lo les pasará nada. Al final, lo han pillado y casi nadie de los que le conocían se ha extrañado de las acusaciones. Ni siquiera el PSOE que mantiene en el puesto a la mayoría de los que fueron sus colaboradores cotidianos a pesar de fulminarlo. Por eso cuesta de entender que alguien más listo y más cercano a Ábalos que este humilde periodista, como es Pedro Sánchez, no viera lo evidente.

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