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Opinión | Más antipatía que adhesión

El activismo iluminado 

Cuando solo se habla para satisfacerse a uno mismo, se deja la vía libre a que otros se adueñen del diálogo

El cuento del otro

Las imágenes del encendido de las luces de Navidad en Barcelona

Las imágenes del encendido de las luces de Navidad en Barcelona

La escritora Eva Piquer compartió el comentario en las redes: “Me entristecen las fiestas de Navidad y tiendo a evitar la calle Aragó, pero esto me ha alegrado el día”. Y “esto” era la iluminación navideña que engalana esa vía de Barcelona. Creación de los estudios SMLXL y MA-MA, las luces alegran la noche con la viveza de sus colores y unos mensajes que destilan humor, tradición y familia. Son frases cortas, escritas en catalán y que, inevitablemente, resuenan en la memoria de muchos: “¿Vienes por Navidad?”, “¡Busca el caganer!”, “¡¡¡Más escudella!!!”, “Y mañana, canelones”, “¿Cuántos seremos?”, “¿Quién trae el cava?”, “¡A dormir pronto!”. Su gran acierto es haber establecido un diálogo simpático y cercano con las personas que las contemplan, también recordar que las fiestas van más allá del consumismo. Basta con caminar por la calle Aragó para pillar al vuelo reacciones favorables. En las redes abundan los comentarios positivos. Pero no todos.  

Tres días antes de que las luces se encendieran, la plataforma vecinal ‘Eixample Respira’ publicó un comunicado que denunciaba una propuesta de luces que “perpetúa la lógica de autopista urbana” y “que, más que celebrar las fiestas, pone de relieve el despropósito: se normaliza una velocidad de la circulación que sitúa la calle de Aragó sistemáticamente entre los puntos negros de siniestralidad vial de la ciudad”. Es cierto que los creadores de las luces tuvieron en cuenta que la calle es unidireccional y que la mayoría de las personas que circulan por ella lo hacen en coche y moto. Por ello, colocaron algunos de los carteles en perpendicular y los ordenaron cronológicamente. Del “¿Vienes por Navidad?” al “¡A dormir pronto!” de la noche de Reyes. 

Activismo que sale mal

Rápidamente, el comunicado de ‘Eixample Respira’ pasó a formar parte de la triste lista del activismo que sale mal, ese que genera más cansancio que entusiasmo, más antipatía que adhesión. Reclamar unas calles más amables con el peatón y un barrio con mejor calidad de aire son reivindicaciones estupendas, pero utilizar las luces de Navidad -esas luces, concretamente- como ejemplo del problema es pegarse un tiro en el pie. Solo demuestra una desconexión importante con la ciudadanía.  

Organismos internacionales advierten sobre la escalada de represión que el activismo climático está sufriendo en todo el mundo. La criminalización, el desprestigio y la violencia a menudo se ceba en él, mientras que el discurso político negacionista no deja de crecer. Pero la emergencia ambiental es real y las actividades humanas son su principal causa. Una ciudadanía consciente de la amenaza tiene la capacidad de presionar a los gobiernos y el activismo es el instrumento capaz de sensibilizarla. Caer en acciones tontunas no solo difumina el mensaje, sino que lo reduce a la extravagancia y lo aísla. Imposible hacer llegar un mensaje cuando se ignoran los resortes emocionales y las condiciones vitales de sus receptores. Cuando solo se habla para satisfacerse a uno mismo, se deja la vía libre a que otros se adueñen del diálogo.  

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