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Opinión | Feria
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La fiesta de la lectura

Escribir es una labor solitaria y los autores son quienes reciben con más entusiasmo el contacto con los lectores

Libros expuestos durante la Setmana del Llibre en Català de 2023.

Libros expuestos durante la Setmana del Llibre en Català de 2023. / Lucas Amillano

Hace unos meses recibí una invitación para participar en la Feria del Libro de Guadalajara, pero tuve que renunciar por razones personales. Estos días, sin embargo, estaré presente gracias al recuerdo. En el pasado participé dos veces en la FIL, en 2004 y 2012, y creo que puedo anticipar con claridad que la cita de este año será un éxito. Lo digo porque la gran fuerza de esta feria son los lectores (y sobre todo las lectoras). Desde la perspectiva europea, estamos acostumbrados a que en las grandes ferias del sector editorial domine sobre todo el perfil comercial, de negocio entre editores, pero en Guadalajara la protagonista es la lectura, en todos sus géneros y edades. Uno lo entiende nada más llegar y ver las largas colas de visitantes que esperan para entrar en una de las citas más importantes de la ciudad.

Escribir es una labor solitaria y los autores son quienes reciben con más entusiasmo este contacto con los lectores. En una de mis visitas vi como Etgar Keret, autor israelí de cuentos a menudo hilarantes, leía en inglés ante una audiencia de más de 400 personas, que reían y aplaudían como fans de una estrella del rock. En otra ocasión participé en un homenaje a Manuel Vázquez Montalbán, junto a Pasqual Maragall, Rosa Regàs, José Saramago y Anna Sallés: la sala, llena hasta la bandera, escuchaba con reverencia cada intervención.

Una de las mejores actividades es la FIL Joven: algunos autores se desplazan a escuelas e institutos de la región, a veces en zonas rurales y empobrecidas, y la acogida siempre es extraordinaria. En una de las escuelas, los estudiantes me recibieron con una pancarta donde se leía “Benvingut, Jordi”, en catalán. Antes de la visita, habían leído varios de mis cuentos para trabajarlos en clase, preparando preguntas e incluso escribiendo ellos mismos algún cuento breve. Al terminar me regalaron una botella de tequila y un pliego de esos cuentos suyos. Los guardo en algún cajón y, cuando los encuentro, me pregunto qué habrá sido hoy en día de esos chicos, si hacen cola para entrar en una nueva edición de la FIL, ya adultos. En cuanto al tequila, me lo bebí a su salud.

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