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Opinión | Mejor actor
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Ejercer de payaso

“Mi familia es la razón principal por la que yo me dedico a esto”, reivindicó Oriol Pla en la entrega del Emmy

Oriol Pla celebra su premio por su trabajo en 'Yo, adicto'.

Oriol Pla celebra su premio por su trabajo en 'Yo, adicto'. / Charles Sykes / Invision / Associated Press

Oriol Pla recibió el premio Emmy Internacional a mejor actor, en Nueva York, con una nariz de payaso en la americana negra de gala. Y la llevaba por una simple razón: porque es un payaso, heredero de la estirpe Pla-Solina, figuras históricas del circo y del teatro de calle en Catalunya. Quimet Pla, el padre, el sabio de la familia, que tiene un humor amable, pero desgarrador, que sabe que el humor, en definitiva, no es sino una poderosa arma contra la muerte (reírse de la devastación, reírse de las tinieblas), dijo en el programa 'La Selva', de Xavier Grasset, que se había pasado la vida enseñando al hijo a ejercer de payaso (no a “hacer el payaso”) “y ahora le dan un premio por una serie dramática". Fue el momento en que Oriol enseñó la nariz roja de plástico, el momento en que reivindicó la tradición y la memoria: “Mi familia es la razón principal por la que yo me dedico a esto”. Lo supimos a ciencia cierta cuando se estrenó 'Travy', aquella memorable comedia dramática, la avalancha de entradas de 'clown' que protagonizaba la familia entera: el padre, la madre, la hija y el hijo, los Pla-Solina, en aquel ejercicio inolvidable de devoción por la farándula.

En la ceremonia, Oriol Pla dijo: “No m’esperis desperta, mama” y “bon dia, papa”. En esa aparente sencillez, en esa guiño al reducto familiar, se escondía toda una declaración de intenciones que destruía el aparato reverencial de la gala y ponía el foco en lo que confesó después Quimet: "Entiendo el teatro como una artesanía. Somos como aquella persona que tiene un taller o una ebanistería y los hijos aprenden el oficio y lo superan". Oriol Pla es un monstruo escénico. Desde aquel primer joven eléctrico en el 'Jo mai' de Iván Morales, con veinte años, hasta el último montaje ('Gola'), pasando por sus apariciones en el cine (yo me quedo con el 'pijoaparte' de 'El día de mañana'), nos ha demostrado un dominio excepcional del cuerpo, una pasión ilimitada, unos recursos cada vez más profundos. Y, en el bolsillo, siempre, la nariz de payaso.

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