El terremoto Orriols
Saber asumir la inmigracion es el gran desafío europeo y la alcaldesa de Ripoll planta batalla a Junts para ser uno de los grandes partidos catalanes. El camino está en las medidas prácticas -que no son fáciles- y no en los sermones

La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, en una imagen reciente en el Parlament. / Ferran Nadeu
No hay revolución en las grandes opciones de los catalanes según la encuesta del CEO (Centre d´Estudis de la Generalitat) conocida el lunes. Como ya se sabía, el independentismo ha perdido mucho ímpetu. Ahora solo el 39% de los catalanes, que no es poco, quieren la independencia. Contra el 53%. El PSC seguiría ganando las elecciones con una ventaja de diez puntos. Y Salvador Illa es de largo el president preferido.
No hay revolución, pero ¡ojo!, sí un fuerte terremoto. Junts, que fue el segundo partido en las elecciones de 2024, se desploma. Pasa a ser el tercero, empatado en diputados con el cuarto. Y en un Parlament de 120 escaños cae de 35 a 20. Y baja del 21,6% al 13,8% de los votos. Al contrario, Aliança Catalana, el partido de Sílvia Orriols, que fue el último con 2 escaños, los multiplicaría por diez, hasta 20, y saltaría del 3,8% al 12,4% de los votos. Y en intención directa (sin cocina) incluso supera al partido de Puigdemont. Junts sufre un serio varapalo y Orriols sube como la espuma.
La quinta parte de los que votaron Junts en 2024 lo harían ahora a Aliança. Y la causa principal es que Orriols, que hasta hace poco solo era la alcaldesa de Ripoll, ha salido con fuerza enarbolando la reacción contra la inmigración, básicamente la musulmana. El 60% de los catalanes creen que hay demasiados inmigrantes, pero también el 60% dice que aportan mucho a la economía. Y el 58% considera -una evidencia- que sin inmigrantes Catalunya estaría peor. La inmigración es y será cada vez más necesaria (hay poca natalidad), pero también genera crecientes reparos.
Y con esta bandera -es la segunda encuesta que lo apunta- Orriols ha pasado en menos de dos años de ser el último partido del Parlament a disputar el tercer puesto. Y, más espectacular, en las preferencias para presidir la Generalitat, Orriols empata con Puigdemont (8%), el mítico y exilado president de 2017.
El antiguo voto convergente de los buenos tiempos (más del 40%) ha disminuido -la subida de ERC primero y la resurrección del PSC-, pero además se ha dividido en dos. Un 13,8% a Junts y un 12,4% a Orriols. La CDC de Pujol fue un partido muy catalanista, pero ‘atrapatodo’. En 1980 Pujol se erigió en el freno a una Catalunya dominada por la alianza de los socialistas y el comunista PSUC, entonces muy potente y con un candidato católico, Josep Benet. Y tras la desaparición de UCD recogió mucho voto centrista y conservador que no encontraba alternativa. Pujol, realista y lector de Paco Candel (‘Els altres catalans’), predicó que “es catalán quien vive y trabaja en Catalunya”. Pero en CDC hubo también una sensibilidad de tinte exclusivista -ahí están algunas intervenciones de Marta Ferrusola- reacia a la nueva inmigración y quizás nostálgica de "Catalunya para los catalanes".
Es posible que, desaparecido tanto Pujol como el ‘procés’ -y con CDC transmutada en Junts-, la sensibilidad Ferrusola esté en Aliança. Así se explicaría la transfusión de parte del electorado y que Orriols adelante, según el CEO, a Junts en Girona y Lleida, sus antiguas plazas fuertes.
Y sumando Aliança y Vox, el electorado contrario a la inmigración -al estilo de la extrema derecha europea- sumaría el 22% de los votos y hasta 34 escaños sobre 135. Un 87% de los votantes de Orriols (frente a un 60% de media catalana) dicen que hay demasiados inmigrantes. Pero los electores de Orriols no se sienten de extrema derecha. En autoubicación ideológica en una escala de 1 a 10, la media catalana se coloca en un 4,3 y los electores de Aliança (5,7) están más cerca de la media que de los de Vox (7,2). Y quizás con la mentalidad de la antigua CDC son menos independentistas que los de Junts (el 62% frente al 81%). Orriols cabalga más sobre la reacción a la inmigración que sobre el independentismo.
Sí, la extrema derecha ya está aquí. Pero pese a la crisis política general, en Catalunya no hay hoy una fuerte reacción antigubernamental como, por ejemplo, en Francia. Según el CEO, un 63%, máximo en sus encuestas, contra el 32% aprueba la gestión de la Generalitat. Pero saber acoger la imprescindible inmigración exige más realismo y medidas sensatas (con recursos) que sermones. Es básico que los que ya viven aquí -que saben que necesitan más inmigrantes- no se sientan preteridos.
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