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Opinión | Encuesta del CEO
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Orriols crece desde el limbo institucional

Los gobiernos, especialmente los de izquierdas, deben evitar que se alimente la perversa idea de una injusticia institucionalizada en beneficio de unos y en perjuicio de otros

Encuesta CEO: El PSC baja, ERC se coloca segunda y Aliança Catalana empata con Junts en la tercera plaza

La diputada de Aliança Catalana en el Parlament de Catalunya, Sílvia Orriols.

La diputada de Aliança Catalana en el Parlament de Catalunya, Sílvia Orriols. / Lorena Sopena

El Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) ha confirmado la sospecha de que Aliança Catalana está creciendo a un ritmo aterrador para el conjunto de los demócratas y muy alarmante, electoralmente, para Junts, la facción más desorientada del independentismo. La respuesta ha sido la de reafirmarse en la estéril política de la descalificación de la ultraderecha secesionista y en mantener la infructuosa práctica del aislamiento institucional. Un error histórico, según demuestran la experiencia en la mayoría de los países y las proyecciones locales.

La panoplia de acusaciones (perfectamente ciertas) dirigidas a la ultraderecha en los últimos años (fascistas, racistas, xenófobos, populistas o promotores del odio) se está confirmando como inútil. Seguramente porque algunas de estas graves imputaciones habían sido previamente banalizadas por ciertos partidos que las suelen utilizar a diestra y siniestra contra todos sus adversarios por muy demócratas que sean. Y, probablemente, porque la carga política y emocional de estos señalamientos antidemocráticos no es la misma para todas las generaciones. Para muestra, el sondeo publicado esta misma semana que subraya que aproximadamente un tercio de los jóvenes y los ‘millennials’ no tendrían inconveniente en soportar un sistema no democrático.

“Cuando Aliança Catalana tenga que hablar de políticas públicas mostrará los límites de su discurso”, decía ayer el director del CEO, Joan Rodríguez Teruel, señalando justamente la inoperancia del limbo institucional en el que la mayoría parlamentaria pretende acorralarlos para frenar su ascenso. Eximidos de asumir responsabilidades, pueden dedicarse ‘full time’ a expandir la mentira fértil, promoviendo la islamofobia a partir de la desvergüenza intelectual y humana de sobredimensionar el eventual desacierto en la gestión pública de una legislación ideológicamente progresista.

¿Estamos seguros de la inexistencia en los servicios sociales, en la sanidad o en la escuela de una cierta interpretación sesgada del concepto de discriminación positiva, adulterada por el exceso de celo individual de alguno de sus gestores? Es una pregunta que debería ser recurrente para todos los gobiernos, especialmente los de izquierdas, para evitar que se alimente la perversa idea de una injusticia institucionalizada en beneficio de unos y en perjuicio de otros. Responder a esta pregunta y tomar las medidas exigibles es el paso previo para evitar que los episodios detectables se conviertan en categoría política, ofreciendo credibilidad a la cantinela que hace crecer a Aliança Catalana de forma imparable.

La difusión de una realidad ‘fake’ sustentada en casos puntuales en una materia tan sensible como la igualdad y el respeto a los derechos humanos no se combate con descalificaciones solemnes, sino con la contraposición permanente de datos transparentes y correcciones graduales. De no hacerse, algunos partidos podrían asumir que el relato de Sílvia Orriols es imbatible y sus pócimas muy efectivas para ganar votos.

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