El machismo nunca se renueva
Hay quienes hablan de posmachismo, cuando la verdad es que es el machismo de siempre

Un cartel en una manifestación contra la violencia machista.
Nuevo 25 N, Día contra las Violencias contra la Mujer, y si seguimos recordando este día significa que no avanzamos. Si quieren algo más de esperanza, nos quedamos en que avanzamos muy lentamente pero que sigan en el calendario fechas como esta desvela que la igualdad no ha llegado. Siendo conscientes, además, de que lo conseguido no es idéntico en todos los países. Y, que, en aquellos donde se consiguió, está en riesgo.
Decía que es un nuevo 25N pero seguimos acumulando víctimas, algunas enterradas bajo tierra. Demasiadas, si sumamos todas las que hay en otros países. Y eso nos hace ver que ese mundo, prácticamente, sigue siendo el mismo que el del pasado. Que ese sistema basado en unos roles muy determinados, y sobre el que se sustenta la economía, sigue sin poder avanzar.
Ahora nos llevamos las manos a la cabeza con las encuestas donde se dice que la juventud es más machista que antes. Como si eso fuera por generación espontánea, como si no fuera porque detrás hay adultos que les han enseñado a pensar así. En pódcast y en redes sociales culpan a las feministas del aumento del machismo. Pero reconocer eso significa que asumimos que el machismo nunca dejó de existir desde que se originó hace miles de años. A veces, hemos pensado que de forma agónica, porque el feminismo tomaba impulso. Pero el machismo nunca muere, siempre se mantiene ahí, a veces permaneciendo de forma latente. Y luego, resurge y toma fuerza. Lo hace porque hay más gente a la que le conviene que eso se mantenga, por dinero o por comodidad, pero ahí están.
Hay quienes hablan de posmachismo, cuando la verdad es que es el machismo de siempre. Solo tienen que ver las noticias con las que hemos convivido estos meses y hasta dónde podemos encontrar su raíz. Las resistencias al avance de la igualdad pueden parecer nuevas, pero solo son eco de mitos e ideas de hace milenios.
Cuando hoy en un pódcast algunos hablan de “mujer de alto valor”, de su pureza y valoran a aquella que no está con muchos hombres, nos remiten a la Antigua Roma y a figuras como Lucrecia, que acabó suicidándose después de ser violada, pero no por ella misma, sino por el daño que ese hecho había causado al honor de la familia.
Cuando un representante de Israel en la ONU llama “bruja” a Francesca Albanese, recupera ese estigma creado desde la Edad Media, que acabó con decenas de mujeres condenadas bajo falsas acusaciones y no ajustarse a lo que se esperaba de ellas. Antes y ahora, el único fin es el desprestigio.
Cuando en Estados Unidos cuestionan el derecho al voto de las mujeres y que solo haya un voto por hogar, que recaiga en el varón de la casa, nos llevan a cuando en la Atenas clásica se decidió que las mujeres no votasen por considerarlas inferiores e incapaces.
Cuando hablamos de la sobrecarga del trabajo doméstico sobre las mujeres, eso viene desde la Edad de Bronce, cuando los roles por sexo empezaron a cambiar. Cuando se escucha la palabra aborto y viene el debate moral, nos olvidamos de que el debate sobre el feto no existió, sino que se impedía el aborto para que no bajara la natalidad, porque era el único fin de la mujer. Cuando se habla de la explotación sexual es tan antiguo como cuando hace 2.400 años las esclavas extranjeras de los territorios conquistados eran sometidas sexualmente, como práctica normalizada y legal. Y cuando se habla de la violencia sexual, nos vienen a la cabeza el rapto de las sabinas o escenas mitológicas que esconden agresiones. Las mujeres, siempre, como objetos de negociación y conquista.
Estos ejemplos muestran que las resistencias actuales al feminismo no surgen de la nada. Son manifestaciones de una tradición, de unas estructuras de poder que permanecen porque conviene a muchas partes. Y no está de más recordar el origen, antes de que sigamos debatiendo de todas estas cuestiones sin saber la raíz y los cimientos que hay detrás de esas ideas. Esto nos permite ver que la desigualdad no es inevitable, sino un patrón social construido y sostenido durante siglos. Y que la verdadera revolución es cuestionar estas estructuras heredadas, no solo en la teoría, sino en la práctica cotidiana. A ver si esto ocurre al punto de que algún día el 25N deje de ser una fecha en el calendario.
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