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Opinión | Años de retraso
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Jordi Pujol ante el tribunal

El juicio será relevante porque Pujol fue un mítico president de Catalunya durante 23 años y porque gran parte de las pruebas fueron obtenidas por la “policía patriótica” para hundir al independentismo

El tribunal no libra por ahora a Jordi Pujol del juicio por su fortuna en Andorra

Jordi Pujol, en un monitor de la sala de prensa de la Audiencia Nacional, durante el juicio que se está celebrando.

Jordi Pujol, en un monitor de la sala de prensa de la Audiencia Nacional, durante el juicio que se está celebrando. / José Luis Roca

En la primera sesión del juicio en la Audiencia Nacional contra el expresident Jordi Pujol y sus hijos, el tribunal decidió que -pese a los informes forenses que indicaban una seria pérdida de facultades y contra lo que pedía su defensa- Jordi Pujol tenía que ser juzgado. Aunque podría permanecer en su domicilio. El origen de la causa es la investigación sobre la fortuna familiar en Andorra que se inició en 2012. Y el propio expresident confesó en julio de 2014 que tenía un patrimonio en el extranjero no declarado y dejado por su padre Florenci. Pero la instrucción acusa a la familia de haberse enriquecido con comisiones gracias a su poder en la Generalitat y pide 9 años de prisión para Pujol, 29 para Jordi Pujol Ferrusola, 14 para Josep Pujol Ferrusola y 8 para cada uno de sus otros cinco hijos.

El caso es relevante por dos motivos. Uno, porque implicó la caída en desgracia del mítico president de Catalunya durante 23 años que fue repudiado por su propio partido. Dos, porque la confesión y las pruebas obtenidas se debieron a las investigaciones -muchas veces ilegales- de la llamada “policía patriótica” para hundir al independentismo en pleno 'procés'.

Han pasado muchos años y de alguna forma Jordi Pujol ha sido rehabilitado. Hasta el punto que el propio president Illa lo recibió en la Generalitat y trata como a un expresident a quien fue privado entonces de todos los honores. Pero el proceso judicial seguía y ha llegado la hora de un juicio que durará seis meses. Para muchos la instrucción cojea porque las pruebas fueron obtenidas en una turbia operación policial. Pero Pujol se enfrenta a una acusación que moralmente lo descalifica por enriquecimiento ilícito con el cobro de comisiones.

Pujol fue un político que contribuyó a elaborar -a través de Roca Junyent- la Constitución y ayudó a la gobernación de España. Con Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar. Como president impulsó el autogobierno y la autoestima de Catalunya y -polémicas aparte- no cometió ningún error grave. Su problema fue que CDC era en exceso caudillista y acompañó su catalanismo con guiños soberanistas. Hasta tal punto que, ya retirado, la CDC de Artur Mas -y más luego con Puigdemont- no supo abordar la grave crisis económica posterior a 2008 sin recurrir y abanderar el independentismo. Impulsado por sus propios hijos. Aquello llevó a una gran colisión con el Estado -que Pujol no quiso o no supo frenar-, a que la “policía patriótica” quisiera destruirle, a que el propio Pujol confesara un patrimonio oculto y fuera repudiado por lo suyos y, finalmente, a la Declaración Unilateral de Independencia, que causó grandes perturbaciones -algunas aún vivas- en Catalunya y en España.

Pujol fue un notable político catalanista con gran peso moral e intelectual. La historia lo acabará juzgando. Pero ahora debe afrontar un juicio por corrupción en el que se le piden 9 años de prisión. Y 29 a quien pudo “hacer”. Solo porque era el primogénito de un prepotente president.

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