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Opinión | G-20

Ausencias y castigos

Mientras dure Trump en la Casa Blanca, el multilateralismo no va a funcionar

Líderes internacionales reunidos en Johannesburgo (Sudáfrica)

Líderes internacionales reunidos en Johannesburgo (Sudáfrica) / CONSEJO EUROPEO / X

Una de dos, o Estados Unidos está convencido de que ningún foro multilateral les sirve o Donald Trump es cobarde y no se atreve a enfrentarse a la realidad de un mundo complejo cuando alrededor de una mesa pueda haber visiones diferentes. Eso sugiere la ausencia de EE. UU. este fin de semana de la cumbre anual del G-20. La excusa de que, en Sudáfrica, donde tenía lugar la cumbre, hay en marcha un genocidio contra los granjeros blancos, no se sostiene en un país donde precisamente esa minoría controla dos tercios de toda la tierra cultivable del país. Pero menos aun teniendo en cuenta que Trump no hubiera tenido reservas en ir a Israel, donde nunca ha pronunciado la palabra genocidio, ni a Arabia Saudí cuyo príncipe heredero ordena descuartizar a sus críticos y donde el estado de salud de los derechos de las mujeres deja bastante más que desear que los que con todas sus limitaciones tienen la minoría blanca en el país del áfrica austral. A Trump le da igual el respeto a los valores democráticos y de las minorías en otros países, porque también le da igual en el suyo. El problema es que siendo un lince en el cara a cara con cualquier oponente, donde puede aprovechar todos los resortes de poder incluyendo el chantaje y la fuerza, hace aguas en cuanto tiene que enfrentarse a visiones no binarias. Mientras dure Trump en la Casa Blanca, el multilateralismo no va a funcionar. Ni a él, ni a Rusia que quiere recuperar el imperio soviético sin respetar leyes, ni probablemente a China, que se mueve muy a gusto en un mundo con menos derechos, les interesan acuerdos vinculantes a nivel global. De ahí las ausencias en la cumbre de Johannesburgo, que al menos ha servido para que todo el resto de socios occidentales le hayan recordado a Donald Trump que, en su ausencia, ellos sí pueden llegar a acuerdos para decirle que la paz en Ucrania no puede ser una capitulación y que, si quiere hablar por la OTAN o por Europa, va a tener que abrir, aunque solo sea un poco su visión del mundo y corregir su ruinosa diplomacia de ausencias y castigos.

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