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Opinión | Corrupción
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Santos Cerdán. Ese conocido olor

Los dos grandes partidos se cruzan denuncias para ver quién erosiona más el valor del contrario. Los vientos que erosionan la democracia soplan con fuerza

Santos Cerdán en el Congreso de los Diputados.

Santos Cerdán en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca

La corrupción cotiza al alza. Nuevamente. Y en el parquet donde los dos grandes partidos se cruzan denuncias para ver quién erosiona más el valor del contrario, las acciones beneficiadas son las de un tercero: Vox.

El efecto del recuerdo de la dictadura ha durado lo suficiente como para recopilar datos preocupantes que evidencian un aumento de la desmemoria histórica y una creciente tendencia a reconvertirla en simpatía hacia quienes no quieren criticarla. De nuevo, Vox. Se expande el temor de que el tiempo de libertad haya pasado en vano.

Los vientos que erosionan la democracia soplan con fuerza. La condena al fiscal general del Estado ha sentenciado la peor de las hipótesis. La que mantenían las voces conocedoras de las sensibilidades del Supremo dando por sentado antes del juicio el veredicto de culpabilidad. Con alegría los instigadores, con preocupación quienes ya señalaron a aquel tribunal como máximo exponente de la politización de la justicia. Y tanto la celeridad inusitada como el adelanto de una conclusión todavía por redactar ayudan a darles la razón.

A la vista de lo conocido, de poco sirvieron los testimonios de los 12 periodistas que reiteraron haber accedido al correo original días antes y que su fuente no fue García Ortiz. De menos, que las pruebas fueran tan escasas como dudosas tanto para la propia Fiscalía como para la Abogacía del Estado y las dos magistradas que presentan votos particulares. Y de nada que Miguel Ángel Rodríguez se ratificara ostentosamente en su mentira original sin consecuencia alguna.

Cuando Isabel Díaz Ayuso dice que “hoy el mundo sabe lo que está pasando en España”, acierta la mitad porque según a quién se lo pregunte, el mundo también puede conocer la tesis contraria a la suya. Que “el español que venció al aparato del Estado” lo consiguió por ser la pareja de la presidenta que politizó su caso. Pareja que, a la espera de juicio por fraude fiscal y falsedad documental, acaba de comprar un segundo ático alejando la dramática alternativa que expuso en el juicio: marcharse del país o suicidarse. 

Como si de bombas de relojería se tratara, la gran explosión se produjo horas después de la detención en Almería de ocho personas con el presidente de la Diputación a la cabeza por lo de siempre: presuntos amaños en la contratación. Dos hermanos suyos también están siendo investigados por la UCO.

El polémico órgano de la Guardia Civil ha concluido además que el caso Koldo, que es caso Ábalos, no puede entenderse sin el caso Santos Cerdán León (Milagro, Navarra, 4 de mayo de 1969).

El penúltimo secretario de organización del PSOE y segundo consecutivo enjuiciado por una trama supuestamente triangular ha salido de la cárcel sabiendo que toda España habla de Paqui, su mujer. Sus gastos despreocupados alertaron a sus socios y dejaron en mera actuación los lamentos de la esposa por la detención y entrada de su marido en prisión preventiva cinco meses atrás.

Él lo niega todo y dice esperar “que la verdad se imponga”. Pero la verdad es escurridiza y se le buscan alternativas. Las sospechas se ensanchan, los informes negativos se filtran, los indicios se elevan a conclusiones y la opinión pública intuye que algo huele a podrido en España. Otra vez.