Ernest Lluch, la salud como un derecho, no una mercancía
Como ministro de Sanidad y Consumo entre 1982 y 1986, Lluch protagonizó una de las reformas más profundas y trascendentes del Estado: la creación del Sistema Nacional de Salud (SNS) basado en la universalidad

Ernest Lluch / Archivo
El 21 de noviembre de 2000, Ernest Lluch fue asesinado por la banda terrorista ETA. Han pasado 25 años desde aquel crimen que sacudió a Catalunya y a España y dejó una huella imborrable en una manera de entender la política basada en la razón, la palabra y la voluntad de tender puentes.
Hoy es más necesario que nunca recordar la figura y la labor de Ernest Lluch. Como ministro de Sanidad y Consumo entre 1982 y 1986, Lluch protagonizó una de las reformas más profundas y trascendentes del Estado: la creación del Sistema Nacional de Salud (SNS) basado en la universalidad. La Ley General de Sanidad de 1986, impulsada y defendida por él mismo, estableció que el acceso a la salud no podía depender de la condición laboral ni económica, sino de la simple condición de ciudadanía.
Esto hace cambiar radicalmente la conceptualización del sistema de salud: de un sistema basado en la seguridad social financiado por cotizaciones (modelo Bismarck), donde el acceso a la atención sanitaria estaba vinculado a ser cotizante, se pasó a un sistema universal, financiado con impuestos generales (modelo Beveridge). Y aquí está la importancia del cambio de modelo: las personas pasaron a ser atendidas por necesidades y no por capacidad económica.
De aquella reforma nació un modelo que ha devenido en uno de los pilares del Estado del Bienestar en España, y uno de los sistemas sanitarios más reconocidos internacionalmente. Lluch demostró que la política puede ser expansiva, que puede garantizar derechos e igualar oportunidades, y que tiene un rigor técnico que puede convivir con la ambición social.
Hay que destacar su contribución también en el desarrollo de la nueva red de atención primaria en todo el territorio, basada en Equipos de Atención Primaria (EAP) con división territorial en zonas básicas de salud, y con conceptos más preventivos, comunitarios e integrados. Hoy plenamente vigente.
También en su etapa se integraron los hospitales públicos, se incorporó la evaluación y el control de medicamentos y prestación farmacéutica. De la misma manera, se transformó la salud mental, el trasplante de órganos recibió un gran impulso y se reordenó la formación médica especializada. Su aportación al sistema MIR representó la ordenación, la unificación y la regulación por primera vez de manera completa de la formación médica especializada en España. Fue el auténtico punto de partida del sistema MIR moderno, haciendo que la única vía para obtener un título oficial de especialista fuese la residencia médica MIR.
Lo que nació entonces se mantiene hoy como uno de los pilares del estado del bienestar, un consenso social casi incuestionable: la universalidad del sistema sanitario que trata y atiende a todo el mundo por igual.
Veinticinco años después de la muerte de Ernest Lluch, es necesario recordar su legado, en un momento en el que algunos apuestan por la mercantilización de la salud y en recortar recursos al sistema público con la voluntad de hacer negocio.
El trabajo ingente de Lluch por una sanidad como derecho y no como mercancía nos debe guiar en la labor de defender el sistema público de salud. También en continuar con su objetivo fundamental de llegar a todos y todas, profundizando y ampliando la cartera de servicios, para mejorar la calidad de vida de las personas.
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