Cincuenta años después, ha vuelto
El Franco que despertase hoy encontraría las cosas muy poco cambiadas, el hombre vendría a Catalunya de visita y vería tantos franquistas como en 1939, las calles se llenarían de catalanes brazo en alto

El general Franco, en la Escola del Treball de Barcelona / Archivo
En la descacharrante 'Ha vuelto', de Timur Vermes, Hitler despierta en un descampado de Berlín, no 50 años después de su muerte, sino algunos más. La sátira empieza en seguida, con el bueno de Adolf extrañándose de que la ropa le huela a gasolina y viendo a unos muchachos con un uniforme que no reconoce pero que supone de las juventudes hitlerianas, cada uno con su nombre en la espalda, sin duda para facilitar su identificación.
- ¡Soldado Ronaldo, venga aquí! - le grita a uno de ellos, consiguiendo solo risas de los jóvenes al ver aquel -imaginan- imitador tan bueno de Hitler.
El supuesto émulo de Hitler todo le resulta extraño -desde la proliferación de negocios turcos hasta que una “rubia gorda” presida el país o que los neonazis sean tan poco arios-, pero al lector se le congela la sonrisa en el rostro al llegar al final del libro y darse cuenta de que, risa tras risa y gritando las soflamas de siempre, el Führer ha conseguido una legión de seguidores en Alemania. Definitivamente, ha vuelto.
Franco también debería haberse despertado ayer, aunque en lugar de por el olor a gasolina, en su caso se extrañaría por esos tubos que tendría metidos en nariz y tráquea. Llamaría a gritos a un árabe en patinete tomándolo por un miembro de su Guardia Mora, hay que ver cuántos se ven por la calle, no recordaba haber traído a tantos desde Marruecos, uno va perdiendo la memoria.
- ¿Y los grises? ¿Dónde están los grises?- se preguntará el Vigía de Occidente al ver policías de todos los colores -hasta verdes, si toma por tales a los agentes rurales- salvo del que le interesa.
Ver a Franco desorientado por la calle y llamando a Arias Navarro igual que el Hitler de Timur Vermes llama insistentemente a su fiel Bormann me despertaría la nostalgia, creo que hasta tendría ganas de abrazar al abuelete. A mí el franquismo me pilló de niño, así que no tengo otro remedio que reconocer que fue la mejor época de mi vida, qué le vamos a hacer, no todo el mundo puede decir que corrió delante de los grises. Y eso que una tarde iba a jugar al fútbol a la plaza habitual y me vi en una manifestación. Un señor de gris, porra en mano, viendo mi edad y el balón de fútbol, no me tomó por subversivo, por lo que me invitó a regresar por donde había venido. Así lo hice, y a buen ritmo, por tanto, puedo asegurar que apreté el paso delante de los grises. No es lo mismo que correr, pero casi, e igual sirve para ponerme una medalla al contarlo. O media.
El Franco que despierta hoy, va a encontrar las cosas muy poco cambiadas, el hombre vendría a Catalunya de visita y vería tantos franquistas como en 1939, las calles se llenarían de catalanes brazo en alto y vitoreándole, después de tirado al retrete los carnés del PSC, de Junts, de ERC, de la CUP y hasta de AC.
-Aaah, la fiel Cataluña, siempre recibiéndome como su legítimo caudillo y líder-, pensará satisfecho.
No cesarán aquí las satisfacciones del Franco redivivo. Tras dedicar toda la vida a luchar infructuosamente -”por más que los mato o encierro, siempre sale otro”- contra marxismo y comunismo, se alegrará al ver que lo que queda hoy de aquellas ideas que combatió, son unos partidos más pendientes del lenguaje inclusivo, de facilitar el cambio de sexo y de promulgar leyes que benefician a los violadores, que de luchar por los obreros.
-Por no hablar de los socialistas, que debo reconocer que nunca me causaron problemas pero había que encerrarlos en la cárcel por el que dirán, y hoy se encierran ellos solos, realmente el franquismo ahora es mucho más descansado que en mi época, un auténtico chollo.
El feminismo, liderado en sus tiempos por mujeres peligrosamente inteligentes que pretendían igualarse a los hombres en derechos y obligaciones, está ahora en manos de Belarra y Montero, ocupadas en que las mujeres no sean “cosificadas” y no vistan para gustar a los hombres.
-Con estas feministas no echo de menos a mi querida Sección Femenina.
Asentirá con gesto de satisfacción al enterarse de que la mayoría de alcaldes y altos cargos que nombró en Catalunya, siguieron en sus puestos tras su muerte, aunque se hicieran llamar convergentes, al fin y al cabo, eso puede significar que todos los catalanes convergen en el franquismo.
-Y esos Llach y Puigdemont de los que tanto habla la prensa, ¿no serán descendientes de los Llach y Puigdemont que tan fielmente me sirvieron?
- Lo son, Excelencia.
- Les voy a conceder un marquesado, hay que premiar a las familias leales.
Lo que se dice todo atado y bien atado.
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