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Opinión | Administración
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CETRA: ¿Último intento de reforma administrativa antes de la motosierra?

Entiendo que la Comisión ha valorado suficientemente que sus propuestas, de gran calado, sean todas ellas competencia de la Generalitat, ya que de lo contrario se convertirían en un brindis al sol

Núria Parlon, Albert Dalmau y Salvador Illa en el acto sobre la reforma de la Administración pública.

Núria Parlon, Albert Dalmau y Salvador Illa en el acto sobre la reforma de la Administración pública. / Jordi Cotrina

He leído con tanto detalle como he podido (el informe tiene casi 700 páginas) la contribución de Carles Ramió y su equipo de unas sesenta personas sobre la reforma de las administraciones catalanas, por encargo del president Illa. Ya que a mí en el pasado me tocó presidir otra (president Artur Mas, 2004, Informe de Modernización de la Administración Pública catalana), me permitirán que sea escéptico sobre el resultado de la iniciativa. La mía (y la de otras seis personas expertas bastante distinguidas), con unas pocas medidas muy concretas especificadas en 70 páginas, acabó en un cajón. Entre los expertos de la Comisión, el propio Ramió, que espero que haya reciclado y aprendido de la experiencia vivida. ¡Y ojalá me equivoque y sea capaz de llevarla a buen término! (véase: https://esadepublic.esade.edu/posts/post/report-issued-by-the-committee-of-experts-on-public-administration-reform-and-the-public-sector).

Cabe decir que la tarea que plantea CETRA es ingente y se construye desde diferentes ámbitos, criterios, propuestas y acciones. El Informe de 2004 trabajaba unas medidas muy concretas, más selectivas y más radicales en su aplicación, que en caso de haberse llevado a cabo habrían incidido y permitido ser emuladas en otras nuevas.

Las medidas de CETRA en reforma legislativa y procedimental administrativa son de gran calado, y entiendo que la Comisión ha valorado suficientemente que sean todas ellas competencia de la Generalitat, ya que de lo contrario se convertirían en un brindis al sol, tal y como ocurrió en parte con las propuestas del CAREC, Consejo Asesor para la Reactivación Económica, presidido en su día por Salvador Alemany, en el que participé. Muchas de las medidas recomendadas y no implementadas estaban fuera del ámbito competencial de la Generalitat, tal es el lastre que sobre la economía y la fiscalidad impone la Administración del Estado.

El resumen del Informe Ramió (de nuevo, con un grosor de 180 págs., véase https://web.gencat.cat/ca/generalitat/estrategia-reforma-administracio/propostes-millora/) muestra una voluntad de cambio importante. Se basa, sin embargo, más en las erres (reimaginar, reformar, reforzar son las etiquetas del reclamo) que en mis tes (transformar, transitar, transponer, invirtiendo el orden), que creo son las acciones que requieren nuestras administraciones si queremos evitar que entren los de la motosierra.

He explicado a menudo las razones de la dificultad de cambiar nuestras administraciones: la falta de liderazgo propio arrastrado por la inercia administrativa española; el papel de los sindicatos; el binomio no resuelto entre lo que es ocupación y lo que debe ser función pública, y la excesiva politización de las decisiones de nombramientos. ¡Ojalá esta vez resulte diferente!

Y es que ya es hora de huir de etiquetas vacías de contenido en el propósito de cambiar el estado de las cosas, del tipo, por un lado, de esperar un “consenso político” (¿y si no llega?) o “necesitamos un nuevo pacto social” (¿y si los agentes sociales no quieren?). Por otro lado, no resuelve nada reclamar formas de “colaboración público-privada” (un eufemismo del que cada cual entiende cosas distintas), o propugnar “pagar por resultados” con incentivos fuertes (cuando no sabemos muy bien cómo identificar resultados y atribuirlos individualmente a los profesionales). O “compartir riesgos” (cuando hay una asimetría clarísima entre quien paga y quien controla lo que se hace) y creer en la panacea de que con la inteligencia artificial todo se resolverá (como si el contexto y la inteligencia de siempre no contaran).

Una nota final. Da miedo leer en el informe CETRA la cantidad de anglicismos que contiene, menospreciando el catalán, quizá pensando que la ambigüedad de los contenidos que aquellos evocan refleja la falta de precisión del contenido propio.

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